La guerra en Irán le da a China y Rusia una oportunidad inédita para estudiar el poder militar de EE.UU. en tiempo real

Aviones F/A-18 Super Hornet de la Armada de los Estados Unidos a bordo del USS Abraham Lincoln (CVN 72) se preparan para una misión de combate nocturna durante la Operación Epic Fury, el 25 de marzo. Créditos: U.S. Central Command.

Aviones F/A-18 Super Hornet de la Armada de los Estados Unidos a bordo del USS Abraham Lincoln (CVN 72) se preparan para una misión de combate nocturna durante la Operación Epic Fury, el 25 de marzo. Créditos: U.S. Central Command.

La guerra en Irán se convirtió en un laboratorio militar en tiempo real para los principales rivales estratégicos de Estados Unidos. De acuerdo con un reporte del Wall Street Journal, China, Rusia y Corea del Norte están obteniendo una oportunidad poco frecuente para observar el desempeño del poder militar estadounidense en combate, incluyendo nuevas armas, tácticas de precisión y vulnerabilidades logísticas que podrían tener impacto en futuros conflictos.

Un EA-18G Growler, asignado al Escuadrón de Ataque Electrónico (VAQ) 133, se prepara para despegar desde la cubierta de vuelo del portaaviones clase Nimitz USS Abraham Lincoln (CVN 72) durante la Operación Epic Fury, el 15 de marzo de 2026. (Foto de la Marina de los EE. UU.)

El punto central del informe es que los adversarios de Washington no solo están siguiendo la evolución política de la guerra, sino también su dimensión operativa. Según el reporte, estas potencias pudieron ver en acción por primera vez determinados sistemas estadounidenses, entre ellos ataques de precisión de alta velocidad asistidos por inteligencia artificial, nuevas capacidades de ataque y sistemas empleados para sostener operaciones aéreas de gran intensidad.

Sin embargo, la guerra también expuso un problema sensible para el Pentágono: el consumo acelerado de municiones críticas. El informe señala que China, Rusia y Corea del Norte están observando cómo Estados Unidos agota rápidamente misiles de largo alcance Tomahawk e interceptores Patriot, dos capacidades clave tanto para operaciones ofensivas como para defensa aérea y antimisiles.

Ese dato tiene consecuencias más allá de Medio Oriente. La preocupación por los stocks estadounidenses ya comenzó a impactar sobre aliados y socios de Washington. Según reportes citados por Anadolu en base al Financial Times, el Pentágono advirtió a países europeos, entre ellos Reino Unido, Polonia, Lituania y Estonia, que podrían enfrentar demoras significativas en la entrega de determinados sistemas de misiles debido al uso intensivo de armamento en la guerra contra Irán.

La inteligencia de Estados Unidos detecta que China podría vender radares avanzados a Irán / Créditos: archivo

Para China, la guerra ofrece una doble lectura. Por un lado, Beijing puede estudiar la forma en que Estados Unidos integra sensores, inteligencia artificial, ataques de precisión y defensa aérea en un teatro de operaciones real. Por otro, parte del equipamiento iraní estaría basado en tecnología china o incluiría componentes de origen chino, lo que permitiría a Beijing recopilar datos sobre el desempeño de sus propias tecnologías frente a los sistemas estadounidenses.

El caso es especialmente relevante pensando en un eventual escenario de crisis en el Indo-Pacífico. Para China, observar cómo Estados Unidos consume munición, protege bases avanzadas, defiende a sus aliados y responde ante ataques con drones o misiles resulta clave para cualquier planificación vinculada a Taiwán o a una guerra regional de alta intensidad. La guerra en Irán muestra tanto las capacidades estadounidenses como sus límites de sostenimiento.

Para Rusia, el conflicto también ofrece información valiosa. Moscú puede comparar el desempeño de armas estadounidenses frente a tecnologías iraníes que tienen puntos de contacto con sistemas usados en Ucrania, especialmente en materia de drones, defensa aérea y ataques de precisión. Esa observación puede alimentar ajustes tácticos rusos tanto en la guerra contra Ucrania como en una eventual confrontación futura con la OTAN en Europa.

El régimen iraní demanda no ceder su programa nuclear y se muestra abierto a continuar el conflicto / Créditos: Morteza Nikoubazl-NurPhoto)

Uno de los aspectos más sensibles es el uso de drones iraníes de bajo costo. El reporte destaca que estas plataformas lograron poner bajo presión a aliados estadounidenses en el Golfo, demostrando una vez más el desequilibrio económico entre amenazas baratas y sistemas defensivos caros. Esta dinámica ya se había visto en Ucrania, donde drones relativamente económicos obligaron a emplear interceptores y sistemas de defensa de mucho mayor valor.

El impacto también se proyecta sobre la industria de defensa. Según el Washington Post, el Pentágono solicitó un presupuesto récord para 2027, con decenas de miles de millones de dólares destinados a sistemas no tripulados, drones de ataque, capacidades contra drones y reposición de misiles de largo alcance y defensa aérea. La guerra en Irán, junto con la experiencia de Ucrania, aceleró la demanda por este tipo de tecnologías.

En términos estratégicos, el problema para Washington es que cada operación militar de alta intensidad genera aprendizaje para sus adversarios. China, Rusia y Corea del Norte pueden observar qué funciona, qué se agota, qué bases son vulnerables, cómo responden los aliados y cuánto tiempo puede sostener Estados Unidos una campaña de gran escala sin afectar otros teatros prioritarios.

La guerra en Irán, por lo tanto, no solo se juega en Medio Oriente. También impacta en el cálculo militar de Beijing sobre Taiwán, en la planificación rusa frente a Ucrania y la OTAN, y en la lógica norcoreana de disuasión. Para los rivales de Washington, el conflicto funciona como una radiografía en vivo del poder militar estadounidense.

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