La amenaza espacial de China ya no se limita al desarrollo de armas antisatélite o capacidades orbitales avanzadas. Un nuevo testimonio ante el Congreso de Estados Unidos advirtió que empresas chinas están utilizando inteligencia artificial e imágenes satelitales comerciales para rastrear movimientos militares estadounidenses, incluyendo activos desplegados en Medio Oriente.
La advertencia fue formulada por Kari A. Bingen, directora del Aerospace Security Project del Center for Strategic and International Studies, durante una exposición ante la Subcomisión de Europa de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. Según el documento presentado, el espacio se convirtió en un componente central para la guerra moderna, al permitir comunicaciones, vigilancia, alerta temprana, evaluación de daños y apoyo al targeting militar.
Uno de los puntos más sensibles de su testimonio fue la mención a MizarVision, una compañía china de inteligencia artificial que, según Bingen, mostró públicamente su capacidad para seguir activos y movimientos militares de EE.UU. a partir de imágenes satelitales. La especialista también señaló que Irán adquirió un satélite chino de imágenes y que Rusia apoyó operaciones iraníes con su propia inteligencia satelital.
La preocupación estadounidense se da en un contexto donde varias empresas comerciales de EE.UU. restringieron o demoraron la publicación de imágenes satelitales de Medio Oriente para evitar que fueran utilizadas por adversarios. Sin embargo, de acuerdo con el testimonio, proveedores extranjeros —incluyendo firmas chinas— continuaron ofreciendo información similar, lo que expone una asimetría creciente entre los controles aplicados por Washington y la disponibilidad de datos desde otros mercados.
Para los especialistas estadounidenses, el problema no es únicamente la imagen satelital en sí, sino la combinación entre sensores comerciales, análisis automatizado e inteligencia artificial. Esa integración permite identificar movimientos de buques, aeronaves, bases, puertos, aeródromos y otros objetivos militares con una velocidad que antes estaba reservada a servicios de inteligencia estatales.
En su exposición, Bingen sostuvo que los adversarios de EE.UU. están desarrollando y desplegando una amplia gama de armas contraespaciales capaces de amenazar satélites aliados. Entre ellas mencionó operaciones cibernéticas, interferencia y suplantación de señales, láseres, misiles antisatélite de ascenso directo y sistemas coorbitales capaces de operar cerca de otros satélites.
El testimonio también identifica a China como el competidor y amenaza más relevante para Estados Unidos en el dominio espacial. Según el análisis del CSIS, Beijing busca consolidarse como potencia espacial global hacia 2049, en línea con el llamado “sueño espacial” impulsado por Xi Jinping, mientras combina capacidades estatales, empresas comerciales, redes de vigilancia persistente y cooperación internacional.
En ese marco, China ya habría desplegado más de 500 satélites de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, integrando esas capacidades en sus operaciones militares y en cadenas de ataque destinadas a localizar, seguir y eventualmente atacar buques, aeródromos y puertos estadounidenses.
La dimensión estratégica del caso es clara: el espacio dejó de ser un dominio de apoyo para convertirse en un campo de competencia militar directa. La capacidad de observar movimientos militares casi en tiempo real reduce la posibilidad de operar con discreción, acorta los tiempos de decisión y puede facilitar ataques de precisión contra fuerzas desplegadas.
Para Washington, el desafío no se limita a proteger sus satélites. También implica adaptar sus operaciones terrestres, navales y aéreas a un entorno donde cada movimiento puede ser registrado por sensores comerciales, procesado por IA y distribuido a actores estatales o no estatales. En otras palabras, la guerra moderna se vuelve cada vez más transparente.
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