El portaaviones británico HMS Prince of Wales zarpó este 24 de abril desde Portsmouth para preparar su próxima misión, y pocas horas después el ex asesor de Margaret Thatcher, Nile Gardiner, pidió públicamente que el buque sea enviado a las Islas Malvinas junto con submarinos nucleares para “defender territorio británico”. El planteo apareció en medio de la crisis abierta por la filtración de un memo del Pentágono que evaluó revisar el respaldo de Estados Unidos a la posición británica sobre las islas, una posibilidad que activó una rápida reacción de Londres.
El planteo aparece justo después de la filtración del Pentágono. Un correo interno describió opciones para castigar a aliados de la OTAN que no respaldaron la guerra contra Irán, entre ellas revisar la posición de Estados Unidos sobre la soberanía británica en las Malvinas. Esa filtración activó una reacción inmediata del gobierno de Keir Starmer, que respondió que la soberanía sobre las islas “recae en el Reino Unido”, y abrió un cierre de filas más amplio dentro del sistema político y mediático británico.
No se trató de una sugerencia aislada sobre defensa naval, sino de una intervención directamente conectada con el clima de alarma que se abrió en Londres tras la posibilidad, siquiera hipotética, de que Washington use la cuestión Malvinas como herramienta de presión en su disputa con aliados europeos. Su pedido expresa una lógica muy clara: frente a cualquier sombra de duda sobre el respaldo estadounidense, sectores británicos quieren responder con una demostración militar explícita.
La Real Armada Británica anunció en su comunicado oficial que el HMS Prince of Wales zarpó de Portsmouth para comenzar la preparación de su próxima misión, que incluye el embarque de helicópteros Merlin y Wildcat, drones Malloy y entrenamiento previo al despliegue del Carrier Strike Group al High North y al Atlántico Norte más adelante este año, con actividad bajo la misión Arctic Sentry de la OTAN. Es decir, la hoja de ruta pública del buque apunta al Ártico y al frente norte europeo, no al Atlántico Sur.
La salida del portaaviones coincidió con la fase de máxima sensibilidad del tema Malvinas en la agenda británica de esta semana. Primero, por la nota del Pentágono; después, por la respuesta de Downing Street; y ahora, por la presión de voces conservadoras que buscan convertir esa crisis diplomática en una reafirmación militar.
Como ya había marcado Escenario Mundial, la filtración del Pentágono abrió una ventana inédita al mostrar que la posición de EE.UU. sobre Malvinas podía entrar en revisión dentro de una pelea más amplia con Europa. Después, el medio también registró cómo Londres salió a blindar públicamente su posición y cómo la prensa británica leyó el episodio como una nueva fricción entre Trump y Starmer.
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