“La cuenta no está saldada”, afirmó la embajada rusa en el Reino Unido tras las acusaciones de Londres que la señalan por haber llevado a cabo una operación submarina encubierta en el Atlántico Norte, presuntamente dirigida contra cables de comunicación y gasoductos estratégicos.
En su comunicado, la representación diplomática no solo rechazó las acusaciones, sino que también cuestionó la capacidad británica de responder a una supuesta amenaza de este tipo. En ese sentido, planteó dudas sobre cómo el Reino Unido podría repeler una agresión en el Atlántico Norte utilizando únicamente un buque y una aeronave de vigilancia. Moscú vinculó además estas declaraciones con el contexto de la guerra en Irán, señalando que se trata de una reacción enmarcada en el apoyo político y militar de Londres.
La acusación de Londres
El cruce se produce un día después de que el ministro de Defensa británico, John Healey, presentara en conferencia de prensa una imagen satelital fechada el 5 de abril de 2026. En ella se observa la base naval rusa de Olenya Guba, en el Ártico, considerada por Londres como un punto clave para operaciones sensibles vinculadas a cables submarinos, inteligencia naval y desarrollo tecnológico en aguas profundas.
Según el gobierno británico, en esa instalación operan unidades del programa GUCI —al que atribuye participación en la operación encubierta— y en la imagen difundida se identificarían el buque Yantar y un submarino asociado a dicho programa.
Ironía y respuesta rusa
La embajada rusa calificó las acusaciones y advertencias británicas como “extremadamente agresivas” y sostuvo que están dirigidas, en realidad, contra buques mercantes que operan para empresas rusas y sus socios. En esa línea, el comunicado incluyó un tono irónico al señalar que el Reino Unido, “como país con una larga tradición de presencia marítima en los rincones más recónditos de los océanos —a menudo sin invitación y, en ocasiones, en contra de los deseos de las poblaciones locales—, parece mostrarse especialmente sensible ante la presencia de buques rusos en aguas internacionales”.
Finalmente, Moscú devolvió las acusaciones y sostuvo que la responsabilidad de ataques contra infraestructura submarina recae en países occidentales, en particular en referencia al sabotaje de los gasoductos Nord Stream. El mensaje concluye con una advertencia directa, “la cuenta no está saldada”.
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