El plan de 10 puntos presentado por Irán que constituye el punto de partida para las negociaciones durante el cese al fuego con Estados Unidos contradice algunas de las razones de Trump para ir a la guerra en Medio Oriente. La propuesta, canalizada a través de Pakistán, también modificaría de facto situaciones críticas para la economía mundial como la soberanía sobre el estrecho de Ormuz, que Teherán reclama para sí.
Luego de haber amenazado con la muerte de “una civilización entera” en caso de que no se cumplieran las demandas norteamericanas hasta la noche del 7 de abril, el presidente Trump dio marcha atrás para acordar dos semanas de cese al fuego con negociaciones sobre una plataforma, presentada por Irán a través del canal diplomático abierto por Islamabad. Sin embargo, algunos de sus pedidos, calificados como “no lo suficientemente buenos” por el republicano al principio de la semana, contradicen los intereses de Estados Unidos, Israel y sus aliados del Golfo.
Por eso, en Teherán ya se presentaba como una victoria la concesión de siquiera discutir algunos de estos items, mientras que del otro lado existe temor de que las exigencias del régimen teocrático sean tan elevadas que no se llegue a un acuerdo y vuelva a empezar el conflicto, cuyo cese al fuego tiene fecha de vencimiento programada.
El plan de 10 puntos de Irán contradice algunas de las razones de Trump para llevar a la guerra a Estados Unidos
Según filtraron a los medios oficiales iraníes y pakistaníes, el grueso de los diez puntos que Irán propuso a Estados Unidos, y que fuentes norteamericanas tampoco desmintieron, incluye garantías de que Irán no será atacado de nuevo, el fin de la campaña de Israel en el Líbano y la introducción de un sistema de cobro a los barcos que pasen por el estrecho de Ormuz para financiar la reconstrucción de Irán.
Una de estas condiciones, el cese al fuego paralelo entre Israel y Hezbollah en el Líbano, todavía no es realidad: Tel Aviv anunció la continuación de su campaña para ocupar parte del sur del país fronterizo y crear una zona de amortiguamiento que lo distancie de los misiles de la milicia chií, financiada por Irán y su aliado en este conflicto.
Sin embargo, las pretensiones iraníes sobre el estrecho de Ormuz colisionan directamente con los pedidos de Donald Trump, quien esta semana puso como condición para no escalar su campaña de bombardeos en el país el libre tránsito sobre esta vía marítima. Esta era la realidad antes del conflicto, cuando el estrecho era considerado un paso por aguas internacionales. Desde el inicio de la guerra, su cierre dio a Irán su principal ventaja estratégica en la guerra, y ahora parece apuntar a que sea la principal fuente de financiamiento para su reconstrucción.
Medio iraníes reportan que el régimen propone compartir las ganancias del cobro -que podrían ser de hasta USD 2 millones por barco- con Omán, una de las monarquías del Golfo atacada en sus instalaciones por Irán, pero que suele interceder como voz diplomática y comparte la otra mitad del estrecho. Aunque esta condición pueda hacer más digerible el futuro esquema, no deja de ser un retroceso respecto a la situación previa de libertad de movimiento a través del estrecho, una situación que tanto Estados Unidos como sus aliados han pedido restaurar.
De esta manera, las próximas dos semanas se abren como un período difícil para llegar a un punto que pueda ser aceptado por ambas partes, aún cuando las cosas no vuelvan a ser exactamente como eran antes.
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