El ultimátum lanzado por el presidente estadounidense Donald Trump entra en su tramo final este martes, sin una hora oficial públicamente confirmada pero asociado a un plazo que, según sus propias declaraciones, vence “esta noche”. La advertencia es que si Irán no responde en los términos exigidos —reabrir el estrecho de Ormuz y aceptar un acuerdo—, Washington podría lanzar ataques masivos contra infraestructura clave.
A su vez, Trump afirmó que existe un plan para destruir puentes y centrales eléctricas iraníes, lo que —en sus palabras— enviaría al país “de vuelta a la Edad de Piedra”.
El foco central es el control del estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio energético global. La exigencia de Washington busca restablecer la navegación, pero también implica condiciones políticas más amplias que Teherán considera inaceptables. A diferencia de episodios anteriores —como el ultimátum del 21 de marzo, que no derivó en ataques—, esta vez Trump ha reiterado públicamente su postura en múltiples ocasiones, lo que eleva el costo político de retroceder.
Cómo respondió Irán
La reacción de Irán ha sido de rechazo total. Autoridades militares calificaron el ultimátum como “irracional” y advirtieron que cualquier agresión abriría “las puertas del infierno” para Estados Unidos. No obstante, Teherán no solo descarta reabrir el estrecho bajo presión, sino que insiste en condiciones más amplias (fin de las hostilidades, levantamiento de sanciones y garantías de seguridad). En este contexto, la posibilidad de una concesión inmediata parece baja.
¿Es creíble la amenaza militar?
Analistas cuestionan la efectividad de una campaña de bombardeos para forzar la rendición iraní. Incluso ataques significativos contra infraestructura energética no garantizarían un cambio de postura en Teherán. Además, Irán mantiene capacidad de respuesta asimétrica contando con minas navales, drones y misiles desde embarcaciones ligeras que podrían seguir bloqueando el estrecho incluso tras ataques a gran escala.
Escenarios posibles tras el ultimátum
A medida que se agota el plazo, se abren varios escenarios. Por un lado, la escalada militar directa (si Trump decide cumplir su amenaza, podrían iniciarse bombardeos contra infraestructura iraní). Esto probablemente desencadenaría represalias inmediatas y ampliaría el conflicto regional. Asimismo podría darse a lugar una nueva prórroga dado el antecedente de marzo, no se descarta que el ultimátum termine sin acción militar directa, con Washington optando por extender plazos o mantener presión retórica.
Otro escenario podría constituirse en un acuerdo limitado de último momento con mediadores como Egipto, Pakistán y Turquía que intentan lograr un entendimiento mínimo. Sin embargo, las posiciones actuales hacen que esta opción sea poco probable en el corto plazo. Y finalmente, podría hablarse de un estancamiento con conflicto latente en donde incluso sin ataques inmediatos, el rechazo iraní y la presión estadounidense podrían consolidar un escenario de tensión sostenida, con riesgo permanente de escalada.
Con el reloj corriendo hacia el vencimiento del ultimátum, la decisión de Trump —atacar, negociar o retroceder— marcará el rumbo inmediato del conflicto. La incertidumbre sigue siendo el factor dominante en una crisis que ya entró en su fase más volátil.
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