A seis meses de las elecciones presidenciales en Brasil, el escenario político se encamina hacia una reedición de la polarización que marcó los comicios de 2022. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca la reelección, enfrenta un desafío por parte del senador Flávio Bolsonaro, heredero político de un movimiento que demostró capacidad de adaptación incluso tras la caída judicial de su líder, Jair Bolsonaro.

En este sentido, las encuestas más recientes muestran un escenario de empate técnico. Consultoras como AtlasIntel, Datafolha y Quaest registran diferencias dentro del margen de error, con Lula alcanzando el 46% de las intenciones de voto y Flávio Bolsonaro el 43%. Incluso, algunos sondeos de segunda vuelta otorgan una leve ventaja a Bolsonaro, lo que evidencia una dinámica de cambio sostenida.
Este dato resulta particularmente significativo si se considera que el actual gobierno exhibe indicadores económicos positivos como crecimiento sostenido, inflación en descenso y niveles históricos de empleo. Brasil creció un 3,4% en 2024 y un 2,3% en 2025, mientras que la inflación descendió al 3,81% interanual y el desempleo alcanzó mínimos históricos cercanos al 5,4%. A esto se suman reformas tributarias largamente postergadas y una recuperación del protagonismo internacional del país.
Sin embargo, como advierten analistas citados desde Cenital, “la percepción económica suele pesar más que los datos duros en contextos electorales”. “El principal problema del gobierno no es macroeconómico sino perceptivo”, señalan también analistas consultados. El alto costo del crédito, con tasas reales entre las más elevadas del mundo, y el encarecimiento del costo de vida afectan la experiencia cotidiana de los ciudadanos, generando un malestar que erosiona la popularidad oficialista.
El fenómeno central es la resiliencia del bolsonarismo. A pesar de la inhabilitación y condena de Bolsonaro, su base electoral —movilizada, ideologizada y territorialmente extendida— se mantiene firme. La decisión de ungir a su hijo como candidato responde a una lógica de preservación del capital político. “El bolsonarismo es hoy más un movimiento que un liderazgo individual”, señalan especialistas en política brasileña, en línea con análisis de centros como Wilson Center.
Los bancos prefieren a Haddad como candidato a presidente por sobre Lula
Dentro del oficialismo, también emergen tensiones estratégicas. Sectores del establishment financiero comenzaron a explorar escenarios alternativos con Fernando Haddad como candidato, incluso con encuestas que lo ubican por encima de Lula en intención de voto. El medio brasileño, Globo, publicó que Faria Lima (denominación que lleva el centro financiero y el círculo rojo paulista) piensan en el ministro de Hacienda como una opción mejor al actual presidente en un contexto de extrema paridad en las encuestas.

Sin embargo, pese a todo pronóstico y encuestas, el Partido de los Trabajadores opta por mantener una posición unificada.“No hay ninguna posibilidad de que Lula no sea el candidato”, aseguran desde el entorno de campaña. A esto se suma que el presidente brasileño repite cábala para vencer al bolsonarismo y confirma que su actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, será nuevamente su compañero de fórmula en las elecciones de octubre.
Medios como LPO confirman además que sin considerar a los sondeos del mercado, Haddad hoy es la carta de Lula para disputar la gobernación de San Pablo en una elección que también parece que será pareja con el actual gobernador, Tarcisio Gomes da Freitas. La última encuesta de Estadao en conjunto con Atlas, muestra al actual jefe estadual 5 puntos arriba.
En esta disputa emerge una tercera vía: Ronaldo Caiado se suma a la carrera electoral
En esta disputa, la aparición de una tercera vía, representada por el gobernador Ronaldo Caiado, todavía no logra alterar el equilibrio. Con apenas un 4% en los sondeos, su candidatura enfrenta un electorado profundamente dividido. La polarización organiza la competencia presidencial y también el comportamiento legislativo y territorial que deberán sortear las fuerzas políticas que se sumen a la carrera electoral.

El gobernador del estado de Goiás, Ronaldo Caiado, de 73 años, oficializó el lunes 30 de marzo, en un acto en São Paulo, que concurrirá a los comicios de octubre en representación del Partido Social Democrático (PSD). Caiado, un veterano político que en los últimos años fue cercano al bolsonarismo, gobierna desde 2018 Goiás, un estado pegado a Brasilia que tiene siete millones de habitantes. Gracias a la pujanza del sector agropecuario en las últimas dos décadas, Goiás ganó importancia a nivel nacional.
Brasil atraviesa un fenómeno de transformación social que complejiza el panorama para el lulismo
Lo cierto es que a nivel estructural, Brasil atraviesa una suete de transformaciones sociales que complejizan el panorama para el lulismo. El crecimiento del voto evangélico, el énfasis en la seguridad pública y una mayor valoración del emprendedurismo configuran un electorado que pareciera ser más conservador que en décadas anteriores. Como señala el analista Brian Winter, existe un “desfasaje cultural” entre el Partido de los Trabajadores y amplios sectores de la sociedad. Una similitud que pudimos observar en el caso de las elecciones de Argentina.
En este escenario, la pregunta sobre una eventual derrota de Lula va adquieriendo cada vez más relevancia estratégica. Un triunfo de Flávio Bolsonaro implicaría un cambio de gobierno y la consolidación de un espacio político que, pese a las derrotas judiciales y electorales de su líder, demostró una notable resiliencia. Más aún, abriría un nuevo capítulo en la política brasileña, donde el bolsonarismo pasaría de la resistencia a la reconstrucción del poder.

Entonces, la apuesta de máxima del Partido de los Trabajadores y sus aliados es que Lula logre la reelección y Haddad sea el candidato en 2030, puesto que tendrá que disputar con otras figuras como Flavio Dino, ex ministro de Justicia, ex gobernador de Marañao y actual juez de la Corte Suprema de Justicia.
Brasil, una vez más, enfrenta una elección que trasciende lo electoral. En un contexto de alta polarización, cambios sociales profundos y la percepción del electorado sobre la económia y su calidad de vida, el resultado no sólo definirá un presidente, dará lugar a dos rumbos políticos distintos en la principal potencia de América Latina.
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