A medida de que el conflicto se intensifica y las repercusiones al comercio energético global se incrementan críticamente, el interrogante de si Estados Unidos podría dar por terminada la guerra con Irán sin haber reabierto el estrecho de Ormuz se convierte en un escenario cada vez más probable. Según fuentes citadas por CNN, funcionarios reconocen en privado que la victoria militar rápida y la normalización del tránsito marítimo podrían no ser compatibles en los plazos políticos que se ha fijado la Casa Blanca.

El dilema no es menor, ya que por el estrecho circula cerca del 20% del petróleo mundial, y su interrupción ya está impactando en los precios internacionales de la energía. Aún así, dentro del gobierno estadounidense crece la idea de que el fin del conflicto podría declararse sin haber resuelto completamente este cuello de botella.
Altos funcionarios de la Casa Blanca han admitido que reabrir completamente el estrecho podría llevar no sólo semanas sino meses incluso. Esto choca con el objetivo del gabinete de terminar la guerra en un plazo de entre cuatro y seis semanas. En términos prácticos, esto redefine el concepto de dar por finalizada la incursión en donde cumplir con los objetivos militares puntuales se sobreponen a estabilizar el escenario regional.

Sin embargo, pese a considerar la reapertura como “crítica”, la administración asume que no podrá garantizarla en el corto plazo.
En ese contexto, Trump ha comenzado a desligar públicamente a Estados Unidos de la responsabilidad directa sobre la seguridad del paso marítimo. “Lo que pase con el estrecho, no vamos a tener nada que ver con eso”, afirmó el presidente.
Alto al fuego y golpes puntuales
El presidente estadounidense afirmó que EE.UU. saldrá de Irán “bastante rápido”, aunque dejó abierta la puerta a regresar con “golpes puntuales” si fuera necesario. Además, aseguró que Irán ya es “incapaz” de desarrollar armas nucleares. Este enfoque sugiere que Washington podría considerar cumplida su misión sin necesidad de garantizar la seguridad total del estrecho de Ormuz, siempre que perciba que ha neutralizado la principal amenaza estratégica.

Ormuz como condición… y no
Sin embargo, el propio Trump introduce una tensión clave. En un mensaje público, afirmó que evaluaría un alto el fuego solo cuando el estrecho esté “abierto, libre y despejado”. Esto choca con lo que reconocen sus propios funcionarios, en donde esa reapertura no es viable en el corto plazo.
En otras palabras, la administración sostiene simultáneamente dos ideas difíciles de reconciliar. Por un lado que la guerra puede terminar pronto y por el otro que Ormuz sigue siendo una condición central.

Presión a aliados
Ante esa contradicción, emerge una tercera vía en donde la Casa Blanca ha intensificado la presión sobre aliados europeos, especialmente el Reino Unido, trasladando la responsabilidad, para que asuman un rol más activo y ofensivo en la protección del estrecho. Sin embargo, hasta ahora ningún país ha comprometido despliegues militares mientras el conflicto siga en curso.
Desde la cosmovisión europea representada por sus líderes, Washington esta intentando trasladar el costo de una crisis que ellos no ayudaron a generar, especialmente tras no haber sido consultados antes de lo ataques iniciales contra Irán.

En esta línea, tanto el secretario de Defensa como de Estado han respaldado la posición del gobierno. Pete Hegseth reforzó la dimensión multilateral del problema, “no es solo de Estados Unidos…no se trata solo de nosotros” comentó durante una rueda de prensa en el Pentágono el martes por la mañana, mientras que Marco Rubio planteó que un a eventual coalición internacional para asegurar el estrecho sería una solución post- conflicto y que sin embargo Estados Unidos estaba “dispuesto a formar parte de ese plan. No tenemos que liderarlo”.
Lo que realmente está en juego
La cuestión de fondo no es solo militar, sino conceptual donde la interrogante es ahora ¿qué significa ganar o terminar una guerra? Si el estrecho de Ormuz sigue parcialmente bloqueado, el impacto global continúa. Aun así, la administración Trump parece inclinarse por una definición más acotada en donde una guerra puede darse por terminada si se cumplen ciertos objetivos estratégicos —como degradar capacidades iraníes— aunque persistan consecuencias estructurales.

Entonces, ¿puede EE.UU. hacerlo? Sí, políticamente es posible. Estados Unidos podría declarar el fin de la guerra sin reabrir el estrecho de Ormuz. El costo de dejar abierto uno de los principales focos de inestabilidad global podrían sin embargo, ser muy altos.
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