Donald Trump volvió a tensar la relación con uno de los principales aliados de Washington al burlarse públicamente de los portaaviones británicos y minimizar un supuesto ofrecimiento de apoyo de Londres para Medio Oriente. Durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca, el presidente estadounidense afirmó que el Reino Unido había dicho que enviaría sus portaaviones, pero enseguida los descalificó al sostener que “no son los mejores” y que son “juguetes” en comparación con los de Estados Unidos.

Trump sostuvo además que respondió a esa propuesta con un “gracias, no se molesten” y remató que Estados Unidos no necesita ese tipo de ayuda aliada. La frase no pasó inadvertida porque no solo apuntó contra un socio histórico de la OTAN, sino que lo hizo sobre uno de los emblemas más visibles del poder naval británico: los portaaviones HMS Queen Elizabeth y HMS Prince of Wales, eje de la capacidad de proyección aeronaval de la Real Armada británica.
La respuesta de Londres fue inmediata, al menos en lo político. Downing Street rechazó la versión de que el Reino Unido hubiera ofrecido desplegar portaaviones a la región, lo que dejó expuesta una nueva contradicción entre el relato de Trump y la posición oficial británica. Hasta ahora, la línea pública del gobierno de Keir Starmer había sido otra: evitar quedar arrastrado a una guerra más amplia con Irán, aunque manteniendo coordinación con sus aliados sobre la seguridad marítima y la situación en el estrecho de Ormuz.

De hecho, la postura británica en las últimas semanas fue más acotada que la que sugirió Trump. Reuters informó el 20 de marzo que Londres sí autorizó a Washington a usar bases británicas, entre ellas RAF Fairford y Diego Garcia, para operaciones defensivas contra sitios iraníes vinculados a ataques sobre la navegación en Ormuz. Pero al mismo tiempo, Starmer insistió en que el Reino Unido no sería arrastrado a una guerra más amplia y en que cualquier esfuerzo para reabrir el estrecho requeriría un marco acordado con varios socios y una baja de la escalada regional.
Francia y Reino Unido están entre los países que más activamente participan en el planeamiento preliminar de una misión “estrictamente defensiva”, enfocada primero en contramedidas de minas y luego en la protección del tráfico marítimo. En otras palabras, mientras Trump descalifica a los portaaviones británicos, Londres sigue apareciendo en las conversaciones navales sobre la fase posterior al conflicto.
El episodio vuelve a mostrar una fractura cada vez más visible entre Washington y algunos aliados europeos en la guerra con Irán. Trump no solo viene presionando para que otros países asuman más costos militares, sino que ahora además eligió ridiculizar públicamente a uno de los principales activos navales británicos.
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