El portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78) -el más moderno de la flota norteamericana- es una de las insignias del poderío de Estados Unidos. Sin embargo, recientemente se informó que el mismo podría estar fuera de servicio varios meses como consecuencia de un incendio en su lavandería principal. Sin dudas, la noticia es muy dura para Washington si se tiene en cuenta que perderá momentáneamente a uno de sus activos más importantes, aunque la verdadera preocupación es que, en paralelo, China continúa incrementando su flota de portaaviones.

Cabe recordar que, a fines del año pasado, un informe anual del Departamento de Defensa de EE.UU. sostuvo que la Armada del EPL apunta a producir seis portaaviones hacia 2035, lo que llevaría su inventario total a nueve. Por su parte, Washington encuadra esta expansión dentro de un “rearme histórico” que eleva la sofisticación y la resiliencia del poder militar chino.
A esto se suma que los portaaviones clase Gerald R. Ford han sufrido años de retrasos, tal como lo demuestra el USS John F. Kennedy (CVN-79) que recién entraría en servicio en marzo de 2027. Así, entre los contratiempos norteamericanos y la expansión de la marina china, no sería descabellado pensar que, para 2035, Pekín haya reducido la brecha considerablemente respecto a Washington en la materia.

¿Cambia el equilibrio de poder en el Indo-Pacífico?
Por lo tanto, si China alcanza los 9 portaaviones proyectados para 2035, reduciría la brecha con EE.UU., que actualmente posee 11, aunque la superioridad cualitativa estadounidense en experiencia operativa y tecnología persistiría. Cabe recordar que, según el Pentágono, la marina china ya ha superado a la de EE.UU. en número de buques de batalla desde 2015.
Y, como no podía ser de otra manera, esto podría inclinar el balance militar en favor de China en ciertos escenarios regionales, como alrededor de Taiwán, ya que la expansión de portaaviones funciona como una herramienta de doble uso: por un lado, proyecta presencia y capacidad de escoltar operaciones más allá de la “primera cadena de islas”; por otro, complica la planificación de terceros al aumentar la incertidumbre sobre dónde y cuándo China puede concentrar poder aeronaval.
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