La campaña de presión que Rusia ejerce sobre Europa entró en una nueva fase denominada “shadow warfare” (guerra en las sombras), advierten especialistas que señalan una deriva más violenta de la antes denunciada “guerra híbrida”.

Michael Newton, director de Comunicaciones y Sistemas de Información del Centro Europeo de Análisis de Políticas (CEPA por sus siglas en inglés), explicó claramente los matices de ambas estrategias: “La guerra híbrida enfatiza la narrativa y la ambigüedad. La ‘shadow warfare‘ está orientada al daño físico”.
Expertos alertan que Rusia está entrando en una nueva fase de guerra híbrida bajo la lógica de la “shadow warfare”
La guerra de Rusia en Ucrania aumentó la tensión en el este de Europa y es el contexto en el que suceden una serie de hechos que alertan aún más a los socios de la Unión Europea: intervenciones de drones que paralizan aeropuertos enteros, vehículos no tripulados que traspasan las fronteras de estados miembros para dañar propiedades y buques asociados a Rusia que anclan frente a las costas de sus rivales.
Todos estos movimientos forman parte de una misma estrategia, argumentan distintos especialistas, destinadas a llevar al límite el umbral de no respuesta de los socios europeos. La respuesta de estos países ante Rusia ha sido retórica, de apoyo militar a Ucrania -aunque sin comprometer tropas- y a través de sanciones. “Sin una consistente, dura respuesta de sus adversarios, el Kremlin ve un campo abierto, limitado solo por su propia imaginación y recursos”, advirtió el profesor de Política Rusa del King’s College Samuel Green en un artículo reciente de la revista Foreign Affairs.

Lo único claro es que el status quo aumenta la osadía de Rusia: según una investigación del International Institute for Strategic Studies and the Center for Strategic and International Studies, los incidentes asociados a la “shadow warfare” en Europa casi se triplicaron entre 2023 y 2024, luego de haberse cuadruplicado en el año anterior.
Dentro de estos incidentes existen asesinatos – como el del piloto desertor ruso Maxim Kuzmínov en España en 2024 -, sabotajes a infraestructuras críticas, infiltraciones en gobiernos, Fuerzas Armadas y empresas y también la guerra propagandística que Rusia libra a través de medios estatales, proxys e influencers rentados.
Aunque las bajas de esta “shadow warfare” puedan ser pocas en los papeles, la situación es extremadamente riesgosa. Un error de cálculo de Moscú podría generar que “drones rusos derriben un avión de pasajeros, como ya ocurrió con un misil ruso sobre Ucrania en 2014. Un ciberataque puede causar que un sistema de salud o de energía colapse”, advierte Green. En este caso, “la presión para que Europa responda sería enorme. Una guerra en las sombras diseñada para evitar el conflicto abierto podría acabar disparándolo”.

Es que, justamente, el carácter subrepticio de la campaña rusa en Europa está asociado a la debilidad percibida por el propio Kremlin, que no quiere enfrentarse abiertamente a un enemigo que percibe superior técnicamente. En este sentido, uno de los caminos que proponen los analistas es que el Viejo Continente abandone su ambigüedad y marque los límites dentro y fuera de sus fronteras. Un escenario que, por fuera de ejercicios conjuntos de la OTAN que se realizan periódicamente, no se plasma todavía del todo en la realidad.
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