La Armada francesa interceptó en el Mediterráneo occidental a un petrolero vinculado a la llamada “flota fantasma” rusa, en una operación que refuerza los intentos europeos por cortar los ingresos energéticos del Kremlin. El buque, identificado como Deyna y con bandera mozambiqueña, había partido desde Murmansk y fue abordado bajo sospecha de operar con documentación irregular o bandera falsa, según información reportada por Reuters.
El episodio vuelve a poner en evidencia un mecanismo clave que ha permitido a Rusia sostener sus exportaciones de petróleo pese a las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania. Para París, este tipo de acciones no solo busca hacer cumplir el régimen de sanciones, sino también atacar directamente una de las principales fuentes de financiamiento de la guerra.

De acuerdo con autoridades francesas, el petrolero fue escoltado a un punto de fondeo para una inspección más exhaustiva a pedido de la fiscalía. Las verificaciones se centran en la documentación del buque, su seguro y el registro de bandera, con especial atención a posibles inconsistencias o falsificaciones. El operativo contó además con apoyo del Reino Unido. El ministro de Defensa británico, John Healey, afirmó que “perturbar, disuadir y degradar la flota encubierta de Rusia” es una prioridad para Londres y sus aliados, en línea con una estrategia más amplia para limitar la capacidad financiera de Moscú.
Cómo funciona la flota fantasma
La denominada flota fantasma está compuesta por buques cisterna, generalmente antiguos, que operan bajo estructuras de propiedad opacas y fuera de los estándares habituales del transporte marítimo internacional. Estos barcos suelen cambiar de bandera, carecer de seguros occidentales y desactivar sistemas de rastreo para evitar controles.
Su función es permitir a Rusia seguir exportando crudo hacia mercados alternativos, eludiendo así las restricciones impuestas por Occidente. Este circuito ha sido fundamental para amortiguar el impacto económico de las sanciones y mantener el flujo de ingresos energéticos.
Más allá del impacto económico, estos buques generan creciente preocupación por los riesgos ambientales. Al operar sin certificaciones adecuadas y con aseguradoras poco conocidas, aumentan las probabilidades de accidentes, derrames o fallas técnicas que podrían afectar ecosistemas marinos.
Al mismo tiempo, la opacidad en la propiedad y operación dificulta la trazabilidad del petróleo transportado, lo que complica los esfuerzos regulatorios internacionales.

Un endurecimiento en la estrategia europea
La interceptación del Deyna es la segunda de este tipo realizada por Francia en los últimos meses, tras la detención de otro petrolero en enero entre España y Marruecos. Además, París participó en una tercera operación junto a Bélgica a comienzos de marzo, lo que refleja una postura cada vez más activa en la aplicación de sanciones.
El presidente Emmanuel Macron calificó a estos buques como “especuladores de guerra” que contribuyen a financiar la invasión rusa. En paralelo, advirtió que la escalada en Medio Oriente —particularmente el conflicto que involucra a Irán— no desviará el apoyo francés a Ucrania.
Sin embargo, el contexto internacional introduce tensiones adicionales. Mientras Europa busca endurecer los controles, Estados Unidos ha relajado temporalmente algunas restricciones sobre el petróleo ruso ante la volatilidad del mercado energético global, afectado por la crisis en Medio Oriente.
Te puede interesar: Cómo se sostiene la guarnición de Malvinas a 12000 kilómetros de Reino Unido: logística, rotación y mantenimiento













