- La dirigencia isleña volvió a conmemorar la consulta de marzo de 2013 como una ratificación del vínculo político con el Reino Unido.
- En ese referéndum, 99,8% votó por continuar como territorio británico de ultramar, con una participación de 99,2%.
- La ONU sigue encuadrando la cuestión Malvinas como una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido y reclama negociaciones.
- La posición argentina rechaza aplicar el principio de autodeterminación a los isleños, un punto que volvió a tensarse tras declaraciones de Javier Milei en 2025.

A 13 años del referéndum organizado en las islas, el Reino Unido volvió a apoyarse en esa consulta para reforzar su posición sobre Malvinas. La conmemoración difundida esta semana por medios vinculados al enclave británico reactivó el argumento de la autodeterminación, el mismo eje que Buenos Aires rechaza desde hace décadas y que Naciones Unidas no toma como base del caso, que sigue definido como una disputa de soberanía entre la Argentina y Londres.
La referencia británica no es nueva, pero sí persistente. Cada aniversario del plebiscito de marzo de 2013 funciona como una pieza de legitimación política: exhibe el resultado de aquella votación, con 99,8% a favor de seguir bajo soberanía británica, como si el expediente internacional hubiera quedado resuelto. En los hechos, eso no ocurrió. La consulta tuvo valor para la narrativa local y para la diplomacia británica, pero no modificó el encuadre de fondo que sostiene la ONU desde hace décadas, que reconoce una controversia de soberanía entre dos Estados y llama a una solución negociada.

Ese es el punto que ordena la respuesta argentina. La Cancillería sostiene que en Malvinas no corresponde aplicar el principio de libre determinación porque el Reino Unido ocupó las islas por la fuerza en 1833, expulsó a las autoridades argentinas y consolidó luego una población implantada bajo administración colonial. Por eso, en la posición oficial argentina, el caso debe leerse bajo el principio de integridad territorial y no como una decisión librada a la voluntad de los actuales habitantes del archipiélago.
La disputa sigue abierta en Naciones Unidas
La vigencia de ese marco quedó ratificada otra vez en la ONU, que volvió a reiterar que la controversia entre la Argentina y el Reino Unido debe resolverse por medios pacíficos y negociados. En esa misma línea, la representación argentina rechaza el uso británico de la autodeterminación y recuerda que el esquema de Naciones Unidas habla de los intereses de la población de las islas, no de sus deseos. Esa diferencia semántica es también una diferencia jurídica y política: delimita el alcance del debate y evita que una ocupación prolongada se convierta, por acumulación de tiempo, en una fuente automática de legitimidad.
En ese terreno, cualquier ambigüedad argentina tiene impacto. El tema volvió a quedar expuesto en abril de 2025, cuando Javier Milei afirmó en el acto oficial por Malvinas que “el voto más importante” es el que se hace “con los pies” y dijo que aspiraba a que los “malvinenses” prefirieran ser argentinos. La Casa Rosada mantuvo formalmente la reclamación de soberanía, pero la frase abrió críticas y obligó al Gobierno a aclarar que no había un cambio de política. El problema no fue solo interno: al desplazar la discusión hacia la voluntad de los isleños, el discurso se movió sobre el terreno que Londres busca consolidar desde hace años.

Por eso, la reaparición del referéndum de 2013 no funciona solo como una efeméride local en el Atlántico Sur. Es una herramienta política que el Reino Unido reactiva para reforzar su posición cada vez que necesita mostrar estabilidad institucional, legitimidad interna y respaldo identitario sobre las islas. Del lado argentino, el punto a seguir no pasa por discutir una celebración insular, sino por sostener sin desvíos el encuadre jurídico y diplomático que mantiene abierta la disputa en Naciones Unidas y que Londres, precisamente, intenta correr del centro del escenario.
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