- El jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., general Dan Caine, aseguró que la mayor parte de los sistemas antiaéreos más avanzados de Irán “ya no son un factor” para la planificación operativa.
- Según esa evaluación, aviones estadounidenses e israelíes ya pueden operar más adentro del territorio iraní con mucha más libertad que en los primeros días de la guerra.
- Washington atribuye ese resultado a una campaña combinada de ataques directos, guerra electrónica y capacidades cibernéticas contra la red defensiva iraní.
- Aunque persisten riesgos, la declaración confirma que EE.UU. e Israel ampliaron su superioridad aérea y redujeron uno de los principales escudos militares de Teherán.

El jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., general Dan Caine, afirmó que la mayor parte de los sistemas de defensa aérea más avanzados de Irán dejó de condicionar la campaña militar en curso. La declaración indica que Estados Unidos e Israel lograron degradar una parte central del entramado antiaéreo iraní y que hoy cuentan con mayor libertad para ejecutar ataques en profundidad dentro del territorio de la República Islámica.
La definición ayuda a ordenar una de las principales preguntas de la guerra: cuánto logró conservar Irán de su capacidad para defender el espacio aéreo nacional frente a una campaña sostenida de bombardeos. Según Caine, la reducción de esa amenaza permite que cazas estadounidenses e israelíes operen más adentro del país con menos restricciones que en la fase inicial del conflicto. No significa que el riesgo haya desaparecido por completo, pero sí que el nivel de amenaza bajó de manera significativa para los planificadores militares.

Desde el inicio de la ofensiva, las defensas aéreas iraníes estuvieron entre los blancos prioritarios. Junto con instalaciones nucleares, bases, lanzadores y activos navales, la red de radares, baterías y sistemas de comando y control fue atacada para abrir corredores de entrada y reducir la capacidad de respuesta iraní. De acuerdo con lo expresado por mandos estadounidenses, ese esfuerzo combinó ataques directos con herramientas de guerra electrónica y capacidades cibernéticas destinadas a interferir radares, comunicaciones y enlaces de mando.
Qué cambia en la campaña aérea
La degradación de las defensas aéreas modifica de manera directa el tipo de operaciones que pueden llevar adelante EE.UU. e Israel. Con menos riesgo de intercepción, las aeronaves pueden penetrar más profundo, sostenerse más tiempo sobre determinados sectores y atacar objetivos que antes requerían una preparación mayor o implicaban un costo operativo más alto. En términos militares, eso amplía la libertad de acción y mejora la capacidad para sostener presión sobre infraestructura crítica, centros de mando y nodos logísticos.
Irán contaba con una red aérea escalonada que combinaba sistemas propios y de origen ruso, entre ellos el Bavar-373 y variantes del S-300. La evaluación estadounidense sugiere que esa arquitectura fue dañada hasta el punto de perder buena parte de su valor como barrera efectiva frente a la campaña aliada. Aun así, mandos estadounidenses remarcaron que sigue habiendo amenazas residuales y que no corresponde hablar de un entorno completamente libre de peligro.

La declaración de Caine también encaja con otros datos difundidos en los últimos días por el Pentágono. Estados Unidos aseguró que la cantidad de blancos atacados supera ampliamente los miles y que en las primeras horas de la operación se concentró un volumen importante de golpes justamente sobre nodos de defensa aérea, lanzadores y sistemas de respuesta. En ese esquema, el objetivo inicial fue reducir la capacidad iraní de detectar, seguir y comprometer a las aeronaves atacantes.
Para Irán, el deterioro de la defensa aérea implica una pérdida operativa importante. Sin una red sólida para disputar el control del espacio aéreo, se vuelve más difícil proteger instalaciones sensibles, mover ciertos medios con menor exposición y sostener una capacidad de negación frente a ataques repetidos. Eso no elimina otras herramientas de respuesta, como misiles, drones o dispersión de activos, pero sí reduce una capa defensiva clave.
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