Reuters
“A partir de hoy las cosas van a cambiar”, fueron las primeras palabras del dirigente derechista José Antonio Kast, que asumió como presidente de Chile en el Congreso Nacional de Valparaíso. La asunción del líder conservador significa el giro político más pronunciado hacia la derecha en el país andino desde el retorno de la democracia en 1990.
Horas antes de asumir como mandatario, Kast hizo referencia al carabinero, Sargento Primero, Javier Figueroa Manquemilla, que fue baleado en Puerto Varas. “Si bien hoy es un día de celebración para nuestra Patria, no podemos mantenernos al margen de comentar la trágica noticia del ataque que sufrió (…) “a partir de hoy las cosas van a cambiar. El que ataca a un Carabinero nos ataca a todos nosotros, y les prometo que los vamos a perseguir, los vamos a encontrar, a juzgar y a encerrar”, declaró el nuevo presidente, que rompió con el pragmatismo de sus últimos discursos.
Kast llega a La Moneda tras derrotar en segunda vuelta a la candidata comunista Jeannette Jara, con una campaña centrada en seguridad, control migratorio y crecimiento económico en un contexto marcado por la preocupación ciudadana por el crimen organizado y la inmigración irregular, que aumentó en los últimos años en Chile.
La ceremonia de investidura se llevó a cabo durante el mediodía ante el Congreso y contó con la presencia de cientos de invitados, entre ellos líderes mundiales como el rey de España Felipe VI, que compartió este lunes una reunión privada con el flamante presidente, y su homólogo argentino, Javier Milei, además de varios mandatarios latinoamericanos.
El presidente de Brasil, Lula da Silva, iba a viajar, pero dio de baja su presencia luego de saber que Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, se encontraba en Chile. La figura de Flávio cabe destacarla porque es uno de los nombres que pica en punta para representar a la derecha en las elecciones presidenciales de este año, que pondrá a prueba al oficialismo liderado por el actual mandatario Lula, que busca su cuarto mandato.
Por eso, la asunción de Kast comienza a moldear a un futuro continente pintado por la mano derecha de Trump, que ha apoyado las últimas candidaturas en la región, en el marco de su nueva Estrategia de Seguridad, que ubica a latinoamérica como prioridad.
A su vez, el cambio de mando marca el final del gobierno de izquierda de Gabriel Boric y abre una nueva etapa política en Chile, con un Ejecutivo que promete un “gobierno de emergencia” enfocado en seguridad, migración y orden económico. Tres variables que se deterioraron según estadísticas sobre cada materia, pero que no ubican a Chile como un país “peligroso” en una región rodeada de crimen organizado, inseguridad, inestabilidad económica o política.
El giro a la derecha
En la previa a su discurso oficial, Kast hizo referencia a la cuestión seguridad por el carabinero baleado. ¿Signo de cambio de época? El triunfo de Kast se inscribe dentro de una reconfiguración ideológica que se acelera en la región. Es la primera vez desde la vuelta a la democracia que Chile tendrá un presidente declarado de extrema derecha, con vínculos pasados con el pinochetismo, pero con un discurso moderado en el último año.
Durante la última década, emergieron liderazgos conservadores o libertarios en la región que lograron capitalizar el descontento social frente a la inseguridad, el estancamiento económico y la frustración con las élites políticas. Sobran los ejemplos: Nayib Bukele en El Salvador; Daniel Noboa en Ecuador; Nasry Asfura en Honduras; Rodrigo Paz en Bolivia; Javier Milei en Argentina; y ahora Kast en Chile. Patrón repetido: medidas contra la inseguridad y soluciones económicas neoliberales, sumado a un discurso de un pasado mejor.
La elección chilena, de hecho, fue interpretada por analistas como la señal más clara de que el péndulo político latinoamericano vuelve a moverse hacia la derecha, tras un ciclo progresista. El fenómeno no se limita a Chile, ya que este 2026 hay tres elecciones claves que pueden girar el rumbo hacia estribor. Perú, Colombia y Brasil.
En Perú, el alcalde ultraconservador de Lima, Rafael López Aliaga aparece como una de las figuras más visibles del campo conservador. Y puede repetirse un patrón de los últimos años: candidato que compite contra un apellido Fujimori, candidato que gana la elección. En Colombia, distintos sectores de derecha buscan disputar el poder tras el gobierno de Gustavo Petro. Y en Brasil, el gobernador de Sao Paulo Tarcísio de Freitas o Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, emergen como posibles competidores ante Lula da Silva.
La Casa Blanca mira de cerca, si varios de estos procesos terminan inclinándose hacia la derecha, América Latina podría experimentar un nuevo alineamiento político regional, con varios gobiernos cercanos a las ideas de Trump.
La llegada de Kast al poder coincide con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y con una política exterior estadounidense más activa hacia el hemisferio occidental. En ese contexto, analistas hablan de una reinterpretación contemporánea de la Doctrina Monroe, orientada a limitar la influencia de potencias extrahemisféricas -principalmente China- en América Latina.
Kast ya dio señales de alineamiento con Washington al participar recientemente en la cumbre “Escudo de las Américas” en Miami, donde Trump reunió varios líderes de derecha regional para coordinar políticas de seguridad y discutir el avance chino en el hemisferio.
En este contexto emergió un fenómeno descrito como el “cortejo caudillo” hacia Trump. Una estrategia mediante la cual líderes latinoamericanos de derecha buscan ganar la influencia directa de Washington apelando al ecosistema político del movimiento MAGA y a la relación personal con el presidente estadounidense, más que a los canales diplomáticos tradicionales.
La dinámica ya se observa con Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador, que han logrado construir vínculos directos con el entorno político de Trump, especialmente en temas como seguridad, migración y cooperación contra el crimen organizado.
Sin embargo, esta estrategia también implica riesgos. Al personalizar la relación bilateral, el acceso político a Washington se vuelve más impredecible y dependiente de los vínculos personales entre líderes, lo que puede debilitar los marcos institucionales tradicionales de la diplomacia hemisférica.
Chile en el centro de la disputa
El nuevo gobierno chileno asume en medio de la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China en América Latina. China es actualmente el principal socio comercial de Chile, mientras que Washington busca recuperar influencia regional.
Esa tensión quedó en evidencia en los días previos a la asunción, cuando surgió una controversia por un proyecto de cable submarino que conectaría Chile con Hong Kong.
El episodio refleja el dilema que enfrentará la nueva administración. Equilibrar la relación económica con China sin deteriorar el vínculo político y estratégico con Estados Unidos.
En el plano interno, Kast asumirá con un Congreso fragmentado y un escenario político polarizado, lo que podría dificultar la aprobación de sus reformas.
Los primeros 100 días de gobierno serán decisivos para determinar la viabilidad de su agenda, centrada en seguridad, control migratorio y crecimiento económico. Más allá de la política chilena, su llegada al poder también se inscribe en un proceso regional más amplio sujeto al mapa político latinoamericano en un contexto de creciente competencia geopolítica.
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