Argentina enfrenta un problema logístico cada vez más visible en Medio Oriente: más de 630 ciudadanos ya pidieron asistencia para salir de la zona afectada por la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán y el cierre parcial del espacio aéreo, pero la capacidad de respuesta sigue atada a la reapertura intermitente de rutas comerciales y a la disponibilidad de asientos en terceros países. En ese escenario, la salida más inmediata sigue siendo consular y comercial, aunque el antecedente del operativo desplegado tras el 7 de octubre de 2023 en Israel vuelve a poner sobre la mesa una pregunta concreta: si la crisis se prolonga, qué medios podría volver a activar la Argentina para evacuar a sus nacionales.

El primer nivel de respuesta ya está en marcha. Tal como informó Cancillería, las embajadas y consulados argentinos están gestionando lugares en vuelos que se habilitan de manera esporádica y aplicando un esquema de priorización.
Ese camino, sin embargo, tiene límites evidentes. Otros países ya recurrieron a combinaciones de traslados terrestres, vuelos comerciales especiales y operaciones estatales para sacar a sus ciudadanos de Israel, Irán y otros puntos de la región. España, por ejemplo, confirmó que puso en marcha operaciones de evacuación y utilizó vuelos desde Emiratos Árabes Unidos, mientras México informó la salida de más de un centenar de ciudadanos a través de rutas terrestres y asistencia consular coordinada.
El antecedente de 2023 y la opción de Chipre
La referencia más útil para pensar una salida argentina sigue siendo el operativo lanzado después del ataque de Hamas contra Israel del 7 de octubre de 2023. Entonces, el Estado activó la operación “Regreso Seguro”, coordinada entre Cancillería, el Ministerio de Defensa y Aerolíneas Argentinas. El esquema fue concreto: un Hércules C-130 despegó desde El Palomar hacia Tel Aviv para montar un puente aéreo hacia Roma, y dos días después se sumó el Boeing 737 T-99 “Islas Malvinas” de la Fuerza Aérea Argentina para reforzar esos traslados. Desde la capital italiana, los evacuados continuaron viaje a Buenos Aires en vuelos de Aerolíneas Argentinas.

Ese operativo dejó dos datos que hoy vuelven a ser relevantes. El primero es que la Argentina ya probó una fórmula combinada entre medios militares y aviación comercial para evacuar ciudadanos desde una zona de guerra. El segundo es que, en aquella ocasión, el despliegue se apoyó en Chipre como punto de descanso, reaprovisionamiento y apoyo para el puente aéreo.
Ahí aparece una posibilidad que hoy, al menos en términos logísticos, podría ser evaluada otra vez. A fines de febrero, el Estado Mayor Conjunto informó que el relevo de la Fuerza de Tarea Argentina 66 y 67 en la misión de la ONU en Chipre se realizó en un vuelo efectuado por el Boeing 737 de la Fuerza Aérea Argentina, y en agosto de 2025 la propia Presidencia había precisado que esos relevos se hacen en una serie de vuelos del mismo sistema. Es decir, la Argentina no solo mantiene presencia permanente en Chipre a través de la UNFICYP, sino que además ya tiene una ruta, una práctica operativa y un medio aéreo utilizado para conectar el país con la isla.
El antecedente de 2023, ayuda a comprender el desafío y la metodología empleada para la misión de repatriar connacionales. La Fuerza Aérea confirmó entonces que para el tramo Tel Aviv-Roma se emplearon un C-130 Hércules y el Boeing 737 T-99 “Islas Malvinas”, ambos de la I Brigada Aérea de El Palomar. El Ministerio de Defensa, al presentar al T-99 en 2021, había señalado además que el avión fue incorporado justamente para ampliar capacidades de traslado de personal, carga y asistencia humanitaria ante situaciones de emergencia. El sistema que hoy vuela a Chipre para relevar cascos azules es el mismo que ya fue usado para evacuar argentinos desde Medio Oriente en un contexto bélico.
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