Un veterano submarinista estadounidense identificado como Edward Michael, conocido por su vínculo solidario con familiares de los 44 tripulantes del ARA San Juan, cuestionó públicamente la decisión del Gobierno de Estados Unidos de difundir imágenes del hundimiento de la fragata iraní IRIS Dena, una acción atribuida a un submarino de ataque estadounidense durante la guerra con Irán. El ex marino sostuvo que la publicación vulnera normas culturales y operativas históricas de la fuerza submarina, donde el secreto es parte central de la protección de capacidades.

La polémica se disparó tras la publicación de un video “desclasificado” que muestra el momento del impacto de un torpedo sobre el buque iraní, difundido por canales oficiales vinculados al Departamento de Defensa, que desde 2025 utiliza también la denominación institucional “Departamento de Guerra” en comunicaciones públicas.
Según Reuters, la fragata IRIS Dena fue hundida el 4 de marzo frente a la costa sur de Sri Lanka, dentro de la zona económica exclusiva de ese país, a unas 19 millas náuticas del puerto de Galle. El rescate quedó a cargo de la marina de Sri Lanka, que recuperó 87 cuerpos y rescató a 32 tripulantes, mientras continuaba la búsqueda de un grupo de marinos reportados como desaparecidos.
En la misma línea, las autoridades estadounidenses presentaron el episodio como un hito operacional dentro de la campaña contra Irán, denominada “Operation Epic Fury”, y lo acompañaron con un mensaje de alto voltaje comunicacional, al subrayar el poder de disuasión del componente submarino y su capacidad de golpear a distancia en un teatro ampliado, más allá del Golfo.
La tensión entre mensaje estratégico y seguridad operativa
El punto sensible es qué se revela cuando se muestra una operación submarina, incluso si el material parece breve o “limpio”. Para la guerra bajo el mar, el valor no está solo en el arma, sino en el conjunto de procedimientos, sensores, distancias de empleo, condiciones del mar, tiempos de reacción, patrones de vigilancia y ventanas de oportunidad. En términos simples, cada detalle puede ayudar a un adversario a entender mejor cómo opera la “Silent Service” y qué señales conviene buscar o negar.
En su crítica, Michael encuadró el problema como una ruptura de códigos internos y una exposición innecesaria, y reclamó sanciones para quienes autorizaron la publicación. Su postura cobra visibilidad pública por su historia previa: desde 2017, el ex submarinista impulsó campañas y gestos solidarios hacia los familiares del ARA San Juan, incluyendo colectas para regalos destinados a los hijos de los tripulantes.
En paralelo, el episodio se inserta en una guerra donde la comunicación oficial busca producir efectos inmediatos, hacia adentro y hacia afuera. La publicación de imágenes de un ataque submarino funciona como señal de capacidad, pero también puede actuar como elemento de presión psicológica, al sugerir que no hay “zonas seguras” para plataformas navales que transitan o se reubican en el teatro ampliado del Océano Índico.
El impacto diplomático también suma capas. Reuters informó que la IRIS Dena venía de participar en el ejercicio naval MILAN organizado por India, un dato que traslada el incidente al corazón del Indo-Pacífico y fuerza lecturas regionales sobre escalada, seguridad marítima y riesgos para terceros, incluso cuando no son parte directa del conflicto.
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