España reafirmó que no autoriza el uso de sus bases de Rota y Morón para operaciones contra Irán, pese a presiones de Washington.
La Casa Blanca aseguró que Madrid “acordó cooperar” con el Ejército estadounidense, pero el Gobierno español lo desmintió de forma pública y categórica.

España desmintió este miércoles una afirmación de la Casa Blanca que indicaba que Madrid había aceptado cooperar militarmente con Estados Unidos en la campaña contra Irán, y ratificó que su postura no cambió: no habilitará el uso de las bases conjuntas en territorio español para ese conflicto. El cruce abre un capítulo inusual de fricción transatlántica en plena escalada regional y bajo amenazas de represalias comerciales formuladas por Donald Trump.
La secuencia se activó tras declaraciones de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien sostuvo que España había “acordado cooperar con el Ejército de Estados Unidos”, sin detallar qué implicaría esa cooperación. Minutos después, el canciller José Manuel Albares respondió en medios españoles que “la posición” de Madrid respecto de la guerra, del bombardeo a Irán y del uso de las bases “no ha cambiado en absoluto”, y dijo no entender el origen de la afirmación estadounidense.

Pedro Sánchez reforzó esa línea con un mensaje político directo al rechazar la operación militar y reiterar su “no a la guerra”. En el Gobierno español, la decisión busca evitar que el país quede asociado a una campaña que consideran desestabilizadora y de alto costo, especialmente cuando el conflicto ya mostró capacidad de derrame hacia el Golfo y un impacto inmediato en la seguridad regional.
Bases de Rota y Morón, el núcleo de la disputa
El punto de quiebre son las bases de Rota (naval) y Morón (aérea), piezas clave para el despliegue estadounidense hacia el Mediterráneo y Medio Oriente. Washington opera allí bajo acuerdos bilaterales, pero España insiste en que cualquier uso ligado a una campaña ofensiva requiere consentimiento político y coordinación bajo los términos establecidos. En la narrativa de Trump, la negativa española fue presentada como una deslealtad, y el presidente amenazó con represalias comerciales, aunque la capacidad real de castigar a un solo miembro de la Unión Europea choca con el marco comunitario.

El contraste quedó subrayado por Portugal. Lisboa admitió que autorizó “condicionalmente” el uso de la base de Lajes, en Azores, para operaciones estadounidenses vinculadas a la crisis con Irán, en un esquema que el primer ministro Luís Montenegro defendió en el Parlamento como una decisión acotada y bajo criterios de proporcionalidad. La comparación deja a España como el principal foco de tensión con Washington dentro del flanco ibérico.
La disputa agrega presión sobre una relación ya atravesada por desencuentros recientes, desde diferencias sobre gasto en defensa hasta el enfoque político sobre conflictos en Medio Oriente. Con Estados Unidos empujando una coalición más alineada y España endureciendo su negativa, el interrogante pasa a ser si Washington intentará forzar un margen de operación “por hechos consumados” o si la fricción quedará contenida en el plano declarativo mientras avanza la campaña militar.
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