Base Naval de Konarak BDA/ Créditos: vantortech
Durante la ceremonia de entrega de tres Medallas de Honor, el presidente Donald Trump aseguró que Estados Unidos está “aniquilando” el poder naval de Irán y advirtió que la ofensiva podría extenderse durante cuatro o cinco semanas. Sus declaraciones refuerzan el eje central de la Operación Epic Fury, presentada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien subrayó que la incursión busca “destruir la amenaza de los misiles, destruir la Armada, nada de armas nucleares”, dejando en claro que el objetivo prioritario es neutralizar la capacidad militar iraní.
En una sesión informativa realizada en el Pentágono, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, confirmó que activos navales iraníes fueron alcanzados en la salva inicial de la operación. Trump, con su tono característicamente enfático, afirmó: “Estamos aniquilando su armada. Ya hemos inutilizado 10 barcos. Están en el fondo del mar”, reforzando la narrativa de que los ataques contra Irán apuntan directamente a desmantelar su flota y reducir su capacidad de respuesta en el Golfo.
La prioridad sobre la armada iraní no es meramente militar, sino geoeconómica. Está directamente vinculada al control del Estrecho de Ormuz, cuello de botella petrolero del mundo. Con apenas 58 kilómetros en su tramo más angosto y ubicado entre Irán y Omán, por sus aguas transita aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo.
Más de 20 millones de barriles diarios de crudo, condensados y combustibles cruzaron el estrecho en promedio el último año. En términos de comercio marítimo global, alrededor del 27% del petróleo transportado por mar pasa por este corredor, proporción que se ha mantenido relativamente estable desde 2020.
Los principales productores de la OPEP —Arabia Saudita, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak— exportan la mayor parte de su crudo a través de esta vía, principalmente hacia Asia. Qatar, uno de los mayores exportadores mundiales de gas natural licuado (GNL), envía casi toda su producción por el mismo paso marítimo.
En este contexto, la capacidad iraní de interrumpir el tránsito —mediante lanchas rápidas, submarinos, minas navales o misiles costeros desplegados desde bases como Bandar Abbas— constituye su herramienta de presión estratégica más poderosa. Por eso, degradar o destruir su flota implica reducir significativamente su capacidad de cerrar el estrecho y alterar el suministro energético global.
En las últimas horas, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica declaró el cierre del estrecho y advirtió que cualquier embarcación que intente atravesarlo podría ser atacada, lo que intensificó la volatilidad en los mercados.
Las imágenes satelitales nocturnas de Planet Labs muestran daños significativos en Bandar Abbas, principal cuartel general de la Armada iraní y pieza clave para proyectar poder sobre el estrecho.
Entre los buques afectados figura el IRINS Makran, un petrolero reconvertido en “buque base de avanzada” con amplia cubierta de vuelo, que aparece en llamas. También se reportan como probablemente hundidos o gravemente dañados el IRIS Sahand, el IRIS Sabalan y el IRIS Zagros, junto con varias lanchas rápidas clase Kaman/Sina.
El humo visible dificulta evaluar con precisión la magnitud total de los daños, aunque la comparación con imágenes previas indica que numerosas embarcaciones fueron retiradas del puerto, lo que sugiere un intento de dispersión ante los ataques. Un submarino clase Kilo y varias unidades menores visibles en puerto parecerían intactos, mientras que otros buques permanecían en dique seco al momento de la ofensiva.
En el puerto de Konarak, en el extremo sureste iraní, los daños también serían severos. Una fragata inicialmente identificada como clase Alvand fue posteriormente clasificada por el Comando Central de los Estados Unidos como perteneciente a la clase Moudge (o Jamaran). Imágenes posteriores muestran que al menos tres fragatas y varias corbetas y buques de menor tamaño habrían sido destruidos o gravemente dañados.
La sola posibilidad de una interrupción sostenida en Ormuz ya está teniendo efectos inmediatos. Tras los ataques estadounidenses e israelíes y la represalia iraní, el tránsito marítimo entre Irán y Omán se redujo drásticamente luego de que varios buques fueran alcanzados en la zona. Los precios reaccionaron con rapidez con el Brent superando los 79 dólares por barril, mientras que el crudo estadounidense se ubicó por encima de los 72 dólares, con analistas anticipando que podrían mantenerse elevados ante el riesgo de una disrupción prolongada.
Varias compañías navieras, petroleras y casas de trading suspendieron temporalmente envíos de crudo, combustibles y GNL a través del estrecho. Imágenes satelitales muestran petroleros acumulándose cerca de puertos estratégicos como Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos, sin cruzar hacia el Golfo. El costo de fletar un superpetrolero desde Medio Oriente hacia Asia casi se cuadruplicó en una semana, superando los 400.000 dólares diarios.
Qatar, además, suspendió temporalmente parte de su producción de GNL tras interceptar múltiples misiles y drones iraníes, algunos de los cuales impactaron la base aérea de Al Udeid, que alberga fuerzas estadounidenses.
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