La modernización de la arquitectura antimisiles de Rusia podría estar erosionando la credibilidad de la disuasión nuclear independiente de Europa, según un informe del Royal United Services Institute (RUSI). El estudio sostiene que sistemas como el A-235 Nudol y el S-500 Prometey, integrados en una red multicapa de defensa balística, podrían interceptar una proporción significativa de misiles lanzados por el Royal Navy y por las fuerzas estratégicas francesas.

Desde la Guerra Fría, la lógica de la disuasión nuclear europea se basó en la capacidad de garantizar que, aun con interceptaciones parciales, suficientes misiles balísticos penetrarían las defensas rusas para infligir daños inaceptables. Sin embargo, el informe advierte que la combinación de velocidad, maniobrabilidad y precisión de los nuevos sistemas rusos podría alterar esa ecuación. Rusia mantiene alrededor de su capital una de las pocas redes dedicadas exclusivamente a la defensa contra misiles balísticos intercontinentales.
El problema central radica en la escala. A diferencia de Estados Unidos, cuya tríada nuclear permite saturar defensas mediante volumen, Reino Unido y Francia operan arsenales más reducidos basados principalmente en submarinos con misiles balísticos. Si las defensas rusas pueden neutralizar un número pequeño o mediano de vectores entrantes, la capacidad de asegurar penetración efectiva se vuelve más incierta. Según el informe, sin una vía creíble para derrotar estas defensas en un ataque rápido, la disuasión europea podría ver comprometida su efectividad.
Europa debe reforzar sus capacidades de defensa frente a Rusia
Como respuesta, los autores recomiendan priorizar capacidades complementarias, incluyendo misiles balísticos de alcance medio, sistemas de ataque convencional de alta velocidad y vehículos de planeo hipersónicos (HGV), que podrían complicar la intercepción. “Los misiles balísticos y los vehículos hipersónicos deberían considerarse capacidades que se refuerzan mutuamente y no alternativas”, señala el documento. El énfasis está puesto en maximizar la probabilidad de impacto frente a un conjunto reducido pero altamente protegido de objetivos estratégicos.

El debate se inserta en un contexto más amplio de competencia estratégica entre Rusia y las potencias europeas, intensificada desde la invasión de Ucrania en 2022. Para Europa, el desafío es técnico y político, ya que apunta a mantener la credibilidad de su disuasión independiente en un entorno donde la supremacía nuclear estadounidense ya no puede asumirse automáticamente como garantía suficiente para todos los escenarios.
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