En Conflicto

Cuatro años de la guerra entre Rusia y Ucrania – avances territoriales, impacto económico y ayuda internacional

A cuatro años del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto se consolidó como la mayor guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que comenzó como una ofensiva destinada a provocar la rápida caída de Kiev derivó en una guerra de desgaste prolongada, con profundas implicancias para la seguridad europea, la cohesión transatlántica y el equilibrio estratégico global. Un repaso en diez ejes —basado en análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS) y otras fuentes internacionales— permite dimensionar el alcance militar, económico y geopolítico del conflicto.

Un soldado ucraniano de una unidad de artillería dispara hacia las posiciones rusas en las afueras de Bakhmut/ Créditos: BULENT KILIC/AFP a través de Getty Images

En el plano económico, Moscú resistió mejor de lo previsto el impacto inicial de las sanciones occidentales. Sin embargo, los datos muestran señales de fatiga estructural. El crecimiento del PIB ruso tiende al estancamiento, con fuerte dependencia del gasto militar y limitada inversión extranjera. Según estimaciones citadas por analistas del CSIS, el presupuesto ruso destina cerca de la mitad de sus recursos a defensa, seguridad y servicio de deuda. Aunque la movilización industrial sostuvo el empleo, no genera aumentos significativos de productividad ni innovación tecnológica, ampliando la brecha con economías avanzadas como Estados Unidos o China.

Avances territoriales lentos y grandes costos humanos para los frentes en la guerra entre Rusia y Ucrania

En el terreno militar, los avances territoriales rusos fueron más lentos de lo que sugieren los partes oficiales. A pesar de mantener la iniciativa ofensiva en amplios sectores desde 2024, el ritmo de progresión en frentes como Avdiivka-Pokrovsk fue de apenas decenas de metros diarios, comparable a campañas históricas de guerra de trincheras. Desde 2014, Rusia controla aproximadamente el 20% del territorio ucraniano —incluida Crimea y partes del Donbás—, aunque los avances más recientes representan menos del 1% anual del territorio nacional. Este patrón confirma una dinámica de desgaste más que de maniobra decisiva.

Soldados rusos en Crimea. Archivo

El costo humano resulta aún más contundente. Las estimaciones del CSIS calculan que las bajas rusas —entre muertos, heridos y desaparecidos— podrían acercarse a 1,2 millones hasta fines de 2025, con entre 275.000 y 325.000 fallecidos. Las fuerzas ucranianas, por su parte, registrarían entre 500.000 y 600.000 bajas totales y más de 100.000 muertos. De mantenerse la tendencia, el número combinado podría rondar los dos millones en 2026. Paralelamente, el uso masivo de drones de ataque tipo Shahed por parte de Rusia se multiplicó desde septiembre de 2024, superando los 50.000 lanzamientos en 2025, lo que revela una estrategia orientada a saturar defensas y erosionar infraestructura crítica.

Reconstrucción ucraniana y el apoyo indefinido de EE.UU. y Europa

En este contexto, el impacto estructural sobre Ucrania es devastador. Las necesidades de reconstrucción se estiman en alrededor de 588.000 millones de dólares para la próxima década, cifra equivalente a casi tres veces su PIB anual. Sectores como vivienda, transporte y energía concentran los daños más severos. La infraestructura energética centralizada ha demostrado alta vulnerabilidad a ataques con misiles y drones, lo que impulsa debates sobre una futura transición hacia sistemas descentralizados y compatibles con el mercado europeo. A ello se suma el desafío del desminado agrícola, esencial para restablecer la producción y reducir la dependencia de asistencia externa.

Finalmente, el eje transatlántico atraviesa un momento de redefinición. Las asignaciones militares estadounidenses alcanzaron su punto máximo entre 2022 y 2023 —con unos 68.000 millones de dólares comprometidos— y comenzaron a disminuir en 2025, mientras Europa elevó su contribución acumulada a cerca de 99.000 millones. Nuevos mecanismos, como la Lista Priorizada de Requisitos para Ucrania (PURL), acordada entre Washington y la OTAN en 2025, permiten a países europeos adquirir armamento estadounidense para Kiev. No obstante, la sostenibilidad del esfuerzo dependerá de decisiones políticas en capitales occidentales y de la evolución del frente, en un conflicto que ya reconfiguró la arquitectura de seguridad europea.

Redacción Escenario Mundial

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