- Washington confirmó el inicio de “operaciones de combate” contra objetivos militares en Irán tras semanas de acumulación de fuerzas en Medio Oriente.
- Israel calificó la acción como “preventiva” frente a una amenaza existencial vinculada al programa nuclear y al desarrollo de misiles iraníes.
- Teherán respondió con misiles y drones hacia Israel y contra instalaciones estadounidenses en el Golfo, ampliando el teatro de operaciones.

Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva militar conjunta contra Irán con múltiples oleadas de ataques aéreos y navales sobre objetivos estratégicos en distintos puntos del territorio iraní. La operación marca el quiebre definitivo del canal diplomático abierto en febrero y abre una nueva fase de confrontación directa entre Washington, Jerusalén y Teherán, con repercusiones inmediatas en todo el Golfo Pérsico.
El presidente Donald Trump anunció el inicio de “operaciones de combate mayores” y describió la campaña como una acción destinada a neutralizar capacidades de misiles, infraestructura militar y lo que calificó como amenazas inminentes contra Estados Unidos y sus aliados. En un mensaje televisado, advirtió que podrían producirse bajas estadounidenses y llamó a la población iraní a “aprovechar la oportunidad” para cambiar su gobierno, una declaración que amplía el objetivo político más allá de la mera contención nuclear.
Desde Jerusalén, el primer ministro Benjamín Netanyahu sostuvo que la operación fue lanzada para remover una “amenaza existencial” y crear condiciones para que el pueblo iraní defina su futuro. El ministro de Defensa israelí declaró el estado de emergencia en todo el país, suspendió actividades no esenciales y cerró el espacio aéreo ante la inminente represalia iraní.
Explosiones y columnas de humo fueron reportadas en Teherán y otras ciudades. Funcionarios israelíes indicaron que la primera fase incluyó objetivos militares, instalaciones de inteligencia y centros vinculados al programa misilístico iraní. También trascendió que figuras de alto nivel del régimen fueron consideradas blancos prioritarios, aunque la magnitud real de los daños aún no está confirmada.
De la presión nuclear a la confrontación directa
La ofensiva se produjo tras semanas de acumulación militar estadounidense en la región, con el despliegue de portaaviones, bombarderos estratégicos, destructores y sistemas de defensa antimisiles. Ese despliegue había sido presentado como instrumento de presión para forzar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, las diferencias en torno al desmantelamiento total de instalaciones y al enriquecimiento cero bloquearon cualquier avance.

Israel había insistido en que cualquier entendimiento debía incluir la eliminación completa de la infraestructura nuclear iraní y restricciones al programa de misiles balísticos. Irán, por su parte, se mostró dispuesto a discutir límites al enriquecimiento pero rechazó renunciar por completo a esa capacidad y negó tener un programa con fines militares.
El salto a la acción militar indica que Washington y Jerusalén concluyeron que el costo de permitir la continuidad del programa iraní superaba el riesgo de una escalada regional. La narrativa estadounidense subraya la prevención de una amenaza estratégica; la israelí, la eliminación de una amenaza existencial. Ambas convergen en una lógica de acción anticipatoria.
Respuesta iraní y ampliación del teatro de operaciones
Teherán reaccionó con una primera oleada de misiles y drones contra territorio israelí, activando sirenas en múltiples ciudades y enviando a millones de personas a refugios. Además, medios iraníes informaron ataques contra instalaciones vinculadas a la Marina estadounidense en Bahréin, sede de la Quinta Flota, y se reportaron explosiones o intercepciones en Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
![Ataque con misiles golpea la base de la Quinta Flota de la Marina de EE. UU. en Bahréin tras ataques de EE. UU. e Israel contra Irán [Foto: X]](http://www.escenariomundial.com/wp-content/uploads/2026/02/iran-attacks-us-navy-base-in-bahrain-fifth-fleet-headquarters-targeted-in-operation-epic-fury-gulf-capitals-on-high-alert-jpg.webp)
La posibilidad de que la confrontación se extienda a bases estadounidenses en el Golfo convierte el conflicto en un enfrentamiento de carácter regional, con implicancias directas para el tráfico marítimo, la infraestructura energética y la estabilidad de aliados clave de Washington.
Países europeos expresaron preocupación por el riesgo de una guerra de mayor escala, mientras gobiernos árabes llamaron a la contención para evitar que el conflicto desborde hacia actores como Hezbollah o milicias alineadas con Irán en Irak y Siria.
El escenario inmediato dependerá de la intensidad y continuidad de las próximas oleadas de ataques y de la profundidad de la represalia iraní. Con ambas partes preparándose para varios días de enfrentamientos, el conflicto ingresa en una fase abierta cuyo desenlace es incierto y cuyas consecuencias estratégicas podrían redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente.
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