Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear iraní se suspendieron en Ginebra tras aproximadamente tres horas de intercambio sin avances concretos, en un encuentro marcado por demandas estadounidenses de máxima exigencia y advertencias cruzadas sobre una posible escalada militar. Ambas partes presentaron propuestas y dejaron abierta la posibilidad de retomar el diálogo durante la tarde o la noche, en lo que ya se considera una instancia crítica para el futuro inmediato de la negociación.

Según informó The Wall Street Journal, la delegación estadounidense llegó a la reunión con un paquete de condiciones que incluye el desmantelamiento total de las principales instalaciones nucleares iraníes en Fordo, Natanz e Isfahan, la transferencia a Estados Unidos de todo el uranio enriquecido acumulado, la eliminación de cláusulas de caducidad en cualquier eventual acuerdo y la reducción del enriquecimiento a niveles nulos. A cambio, Washington ofrecería una flexibilización inicial limitada de las sanciones, condicionada al cumplimiento verificable de los compromisos.
Las demandas reflejan un endurecimiento respecto de marcos anteriores, como el acuerdo nuclear de 2015, del que Estados Unidos se retiró durante la primera presidencia de Donald Trump. En su reciente discurso ante el Congreso, el mandatario reiteró que Irán continúa persiguiendo capacidades nucleares militares y advirtió que, si no se alcanza un acuerdo satisfactorio, la opción militar permanece sobre la mesa. En paralelo, Washington ha desplegado una concentración significativa de activos militares en la región, incluyendo dos grupos de portaaviones, bombarderos estratégicos y sistemas avanzados de defensa antimisiles.
Teherán, por su parte, insiste en su derecho soberano a enriquecer uranio con fines civiles y habría planteado alternativas como reducir el nivel de enriquecimiento —actualmente cercano al 60%— a porcentajes mínimos, suspender temporalmente actividades o canalizar parte del proceso a través de un esquema multinacional. Sin embargo, la exigencia estadounidense de enriquecimiento cero representa una línea roja difícil de aceptar para el liderazgo iraní, que considera el programa nuclear un símbolo de autonomía estratégica.
Diplomacia bajo presión y riesgo de escalada regional
El contexto político interno en Washington también condiciona la negociación. Sectores del Partido Republicano y figuras influyentes del Congreso presionan para evitar cualquier acuerdo que pueda interpretarse como una reedición suavizada del pacto de 2015. Al mismo tiempo, la Casa Blanca enfrenta el desafío de contener a Irán sin abrir un nuevo frente bélico en Medio Oriente.

En paralelo, Irán atraviesa tensiones económicas y sociales derivadas de las sanciones internacionales, lo que agrega presión sobre su dirigencia. No obstante, autoridades iraníes advirtieron que cualquier ataque, incluso limitado, sería respondido de manera amplia, elevando el riesgo de una confrontación directa.
La suspensión temporal de las conversaciones deja abierto un escenario binario: una eventual reanudación podría señalar que aún existe margen para una salida diplomática, mientras que un quiebre definitivo aumentaría la probabilidad de una escalada militar en un momento de alta concentración de fuerzas en la región. Las próximas horas, por lo tanto, no solo definirán el curso de la negociación nuclear, sino también el nivel de estabilidad estratégica en Medio Oriente.
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