Un dron militar chino identificado como Wing Loong 2 realizó al menos 23 vuelos desde agosto del año pasado sobre el Mar de China Meridional, transmitiendo señales de identificación falsas que lo hacían aparecer como distintas aeronaves civiles o militares.

Curiosamente, durante estas operaciones, el sistema de transpondedor del vehículo no tripulado simuló la identidad de un avión de carga Ilyushin-62 perteneciente a Rada Airlines, de Bielorrusia, así como la de un caza Typhoon de la Royal Air Force, entre otros perfiles aéreos. Estas señales fueron detectadas en plataformas de seguimiento de tráfico aéreo comercial utilizadas habitualmente para el monitoreo civil.
En este sentido, las trayectorias de vuelo se originaron en la isla de Hainan en China y se dirigieron cerca de áreas próximas a Filipinas, Vietnam y el canal de Bashi, un paso estratégico ubicado entre Taiwán y el norte del archipiélago filipino. Cabe señalar que no se pudo determinar de manera independiente el control operativo de los vuelos ni su eventual propósito específico.
Consecuentemente, este tipo de maniobras podría inscribirse dentro de las denominadas tácticas de “zona gris”, caracterizadas por ser acciones encubiertas o ambiguas que buscan ampliar capacidades de vigilancia o generar confusión sin escalar hacia un enfrentamiento militar directo.
De esta manera, diplomáticos y especialistas señalan que los patrones observados podrían interpretarse como ensayos operativos en entornos de alta sensibilidad geopolítica, aunque no existe confirmación oficial sobre su vinculación con escenarios de conflicto o ejercicios militares formales.
Con este marco de acontecimientos, el episodio se inscribe en un contexto de creciente competencia estratégica en el Indo-Pacífico, donde el uso de tecnologías no tripuladas y sistemas de identificación electrónica adquiere un rol cada vez más relevante en la dinámica de seguridad regional.
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