Autoridades de inteligencia del Reino Unido expresaron preocupación por la compra de propiedades por parte de ciudadanos rusos cerca de la base aérea británica RAF Akrotiri, en Chipre, ante la sospecha de que podrían formar parte de una estrategia de presión híbrida destinada a monitorear o interferir con infraestructura militar occidental. La inquietud se centra en inmuebles situados en las inmediaciones de la instalación, considerada uno de los activos estratégicos más relevantes del Reino Unido en el Mediterráneo oriental.

Según publicó el diario británico The Telegraph, funcionarios actuales y retirados del ámbito de inteligencia evalúan si algunas de estas propiedades podrían utilizarse para tareas de vigilancia, almacenamiento de equipos o incluso acciones de sabotaje. Las fuentes citadas sostienen que Moscú estaría desarrollando una red discreta de activos inmobiliarios en al menos una docena de países europeos, posicionados cerca de bases aéreas, puertos, infraestructuras energéticas y cables submarinos.
La RAF Akrotiri es una de las dos áreas soberanas británicas en Chipre y cumple funciones clave para operaciones militares en Medio Oriente y el Mediterráneo. Desde esa base se han proyectado misiones aéreas vinculadas a Siria, Irak y otras áreas de interés estratégico para Londres y la OTAN. Su ubicación en el flanco oriental del Mediterráneo la convierte en un punto sensible dentro del esquema de seguridad británico.
El informe señala que la estrategia atribuida a Moscú buscaría operar por debajo del umbral que activaría el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, evitando una confrontación directa mientras se explotan vulnerabilidades en infraestructura crítica. Desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, varios gobiernos europeos han denunciado un aumento de incidentes de sabotaje, incendios intencionales y ataques a infraestructuras, aunque Moscú ha rechazado sistemáticamente esas acusaciones.
Chipre en el centro del tablero mediterráneo
Chipre ocupa una posición geoestratégica relevante entre Europa, Medio Oriente y el norte de África. Además de albergar bases británicas, mantiene vínculos financieros históricos con capitales rusos, lo que añade complejidad al escenario. En ese contexto, las adquisiciones inmobiliarias alrededor de instalaciones militares adquieren una dimensión de seguridad adicional.

Las preocupaciones se vieron amplificadas por un caso reciente vinculado a Vladislav Baumgartner, empresario ruso que residía en proximidades de las bases británicas y cuyo fallecimiento en enero pasado continúa bajo investigación por parte de autoridades de las áreas soberanas británicas. Si bien no existe evidencia pública que conecte el caso con actividades de inteligencia, el episodio contribuyó a elevar la sensibilidad en torno a la presencia de ciudadanos rusos en zonas cercanas a instalaciones estratégicas.
El nuevo jefe del MI6, Blaise Metreweli, advirtió recientemente que el Reino Unido y sus aliados operan en un espacio “entre la paz y la guerra”, caracterizado por ciberataques, espionaje y operaciones encubiertas destinadas a erosionar capacidades sin escalar hacia un conflicto abierto.
Las investigaciones sobre las propiedades en las inmediaciones de RAF Akrotiri continúan, mientras Londres evalúa posibles respuestas regulatorias y de contrainteligencia. En un entorno marcado por la competencia estratégica con Rusia, el control sobre activos civiles próximos a infraestructura militar se consolida como una dimensión adicional del debate sobre seguridad europea.
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