Los datos más recientes consolidados —correspondientes a 2024— del informe Military Balance del International Institute for Strategic Studies (IISS) permiten responder con claridad qué países lideran el gasto militar mundial y cuánto destinan realmente a sus fuerzas armadas.
El país que más presupuesto asigna es, con amplia diferencia, Estados Unidos. Washington destinó 967.960 millones de dólares a defensa en un solo año, una cifra cercana al billón anual. Este monto es aproximadamente cuatro veces superior al presupuesto oficial de China y coloca a Estados Unidos en una categoría propia en términos de inversión militar global.

En segundo lugar se ubica China, con 234.980 millones de dólares. Aunque la distancia respecto a Estados Unidos es considerable, Beijing consolidó en las últimas dos décadas un crecimiento sostenido que le permitió modernizar su armada, sus sistemas de misiles y su industria tecnológica de defensa. El tercer puesto lo ocupa Rusia, con 120.320 millones de dólares, en un contexto donde el gasto militar representa más del 5% de su producto interno bruto.
Detrás del podio aparecen Alemania, Reino Unido e India, todos con presupuestos superiores a los 70.000 millones de dólares. Arabia Saudita y Francia también figuran entre los principales inversores globales, mientras que Japón y Corea del Sur completan el grupo de las diez mayores potencias en gasto absoluto.

Si el análisis se centra en el esfuerzo económico —es decir, el porcentaje del PIB destinado a defensa— el panorama cambia. Ucrania encabeza la lista global al destinar más del 15% de su economía a su aparato militar. Argelia, Israel y Arabia Saudita también sobresalen por dedicar más del 6% de su PIB a defensa, muy por encima del promedio mundial, que ronda el 2,4%.
En América Latina, Brasil es el país que más presupuesto asigna a sus fuerzas armadas en términos absolutos, con 24.400 millones de dólares, aunque esa cifra representa poco más del 1% de su economía. México también figura entre los 30 países con mayor gasto, aunque lejos de los niveles de las grandes potencias.

Las cifras reflejan prioridades estratégicas distintas. Algunas potencias invierten en proyección global y tecnología avanzada, mientras otras concentran recursos en defensa territorial o en sostener fuerzas numerosas. Sin embargo, el volumen presupuestario no siempre se traduce automáticamente en mayor capacidad militar, ya que factores como entrenamiento, mantenimiento y disponibilidad operativa resultan determinantes.
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