- En la Conferencia de Seguridad de Múnich, la comisionada Henna Virkkunen afirmó que Europa debe contar con capacidad ofensiva en el ciberespacio, no solo defensiva.
- Durante años, los gobiernos europeos evitaron hablar de operaciones ofensivas por temor a represalias, pero países como Alemania y Letonia ya muestran apertura al hacking back.
- La Comisión Europea incluyó en su libro blanco de defensa la necesidad de combinar defensa y ataque digital, marcando un cambio doctrinal en la estrategia continental.
- Virkkunen subrayó que Europa debe reducir dependencias tecnológicas externas y construir una industria cibernética propia, aunque abierta a cooperar con socios afines.

En el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich, la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea y responsable de tecnología y seguridad, Henna Virkkunen, afirmó que Europa debe contar no solo con defensas digitales, sino también con armas cibernéticas ofensivas. “No basta con defendernos… también debemos tener capacidad ofensiva”, declaró, marcando un giro en la postura tradicional de Bruselas.
Durante años, las capitales europeas evitaron hablar públicamente de operaciones ofensivas —el llamado hacking back— por temor a represalias de potencias como Rusia o China. Sin embargo, el clima está cambiando, con países como Alemania y Letonia que ya se muestran más abiertos a responder en el ciberespacio con la misma intensidad con que son atacados. La Comisión Europea incluso incluyó la necesidad de capacidades ofensivas en su libro blanco de defensa publicado en diciembre.

Virkkunen subrayó que Europa debe identificar sectores críticos y reducir su dependencia de tecnologías extranjeras. El objetivo es construir una industria cibernética propia, capaz de garantizar cadenas de suministro resilientes y seguras. “No queremos tener dependencias riesgosas en campos críticos”, explicó, aunque aclaró que la UE está dispuesta a cooperar con socios afines cuando carezca de ciertas capacidades.
Podríamos inducir que el mensaje de la Comisión refleja un cambio doctrinal en el que la defensa pasiva ya no basta en un escenario donde los ataques digitales se multiplican y se convierten en herramientas de presión geopolítica. Europa busca proyectar poder en el ciberespacio, equilibrando la necesidad de proteger sus infraestructuras críticas con la capacidad de responder de manera ofensiva. La apuesta por una industria propia y por cadenas de suministro seguras se inscribe en la estrategia más amplia de reducir vulnerabilidades frente a rivales globales.
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