- Retirada ordenada de tropas estadounidenses de la base de al-Tanf marca un avance clave hacia el cierre del despliegue en Siria.
- El repliegue culmina un proceso iniciado en 2018 y refleja la falta de consenso estratégico en Washington tras la derrota territorial del ISIS.
- Persisten debates sobre una retirada total y sus efectos en la estabilidad regional, actores locales y seguridad antiterrorista.
La retirada de tropas de Estados Unidos en Siria, anunciada por primera vez en 2018, avanza hacia su cierre definitivo después de confirmarse la salida de fuerzas de la guarnición de al-Tanf. El Mando Central estadounidense informó el 12 de febrero que el ejército completó una retirada ordenada como parte de una transición vinculada a la misión contra el grupo Estado Islámico, marcando un paso relevante en la evolución de la presencia militar en el país.

En líneas generales, esta decisión se enmarca en la orden pública emitida durante el primer mandato de Donald Trump, que generó oposición dentro del aparato de seguridad nacional y del Congreso. Intentos posteriores de retirada también enfrentaron resistencia institucional. Más de seis años después, el repliegue se materializa con la salida de posiciones estratégicas, incluida la base de al-Shadadi, desde donde personal y equipo fueron trasladados al territorio iraquí.
Concretamente, la guarnición de al-Tanf ocupaba una ubicación estratégica en la intersección fronteriza entre Siria, Irak y Jordania. Utilizada para entrenar combatientes contra el ISIS, la base llegó a establecer una zona de exclusión alrededor de su perímetro donde fuerzas hostiles enfrentaban riesgo de neutralización aérea. Durante 2017 se produjeron incidentes con milicias alineadas con el gobierno sirio, incluyendo drones y vehículos militares que fueron destruidos después de ingresar en el área protegida.
En este sentido y posteriormente a la derrota territorial del ISIS en 2019, el fundamento para mantener el despliegue fue objeto de debate interno en Washington. Distintos funcionarios defendieron objetivos divergentes: preservar recursos energéticos, afectar rutas de suministro regionales o proteger a fuerzas kurdas. Esta diversidad de propósitos reflejaba una política sin consenso claro sobre la continuidad estratégica de la presencia militar.
Con el tiempo, el respaldo político a esa postura se debilitó debido a la reducción de amenazas regionales y la persistencia de ataques limitados del ISIS que no justificaban una misión indefinida, sumado a que las autoridades sirias actuales cooperan con operaciones estadounidenses contra objetivos del grupo, mientras que las discusiones sobre protección a actores locales y estabilidad territorial continúan abiertas.
Aunque la salida de al-Tanf representa un hito, todavía persiste el debate sobre si el repliegue culminará en una retirada total. Legisladores y analistas que anteriormente cuestionaron la retirada mantienen reservas, aunque el argumento para sostener el despliegue se erosiona con el paso de los años.












