El crucero lanzamisiles clase Ticonderoga USS Gettysburg (CG 64) se prepara para navegar junto al buque de apoyo de combate rápido clase Supply USNS Supply (T-AOE 6) y el buque de transporte anfibio clase San Antonio USS Fort Lauderdale (LPD 28), en el mar Caribe, el 29 de enero de 2026. (Foto de la Armada de los EE. UU.)
La Armada de Estados Unidos acaba de publicar sus nuevas “Instrucciones de combate” en donde una de las disposiciones más novedades es la introducción de la “Hedge Strategy” que consiste en equilibrar capacidades de alto nivel con fuerzas escalables y eficientes. Además, se implementarán “Tailored Forces” (fuerzas a medida) y “Tailored Offsets” (despliegues ajustados) combinando plataformas tripuladas y no tripuladas, y sistemas autónomos, entre otros.
El gran objetivo es permitir opciones flexibles para enfrentar distintos escenarios sin depender exclusivamente de fuerzas grandes como los grupos de portaaviones. Así, el enfoque muestra un claro cambio de paradigma con respecto a doctrinas pasadas que se enfocaban más en capacidad de sobre-dominancia (“overmatch”) y fuerzas de gran tamaño.
Por otra parte, las nuevas instrucciones de combate promueven ir hacia estructuras más modulares y adaptables. Es decir, fuerzas más pequeñas que se combinen según la misión específica.
Para esto será clave la integración de vehículos no tripulados y sistemas autónomos junto con fuerzas tradicionales. Además, se impulsará el uso de sensores distribuidos, nodos logísticos orgánicos y capacidades de reparación dentro de los mismos grupos.
Con esta disposición se enfatiza en la agilidad, la dispersión táctica y la adaptabilidad en contextos donde el enemigo puede negar acceso o controlar espacios aéreos/marítimos.
Por otro lado, el documento destaca que la Armada mantiene el “modelo estándar” de preparación (mantenimiento, entrenamiento, certificación, despliegue, sostenimiento), aunque reconoce que los retrasos en mantenimiento y erosión de infraestructura han limitado esta preparación y que el modelo debe ajustarse para asegurar mayor disponibilidad y rapidez de respuesta.
Por otro lado, otro cambio clave es la aceptación explícita de cierto grado de riesgo calculado para ganar flexibilidad operativa, ya que la doctrina ya no se basa únicamente en evitar riesgos absolutos.
En realidad, se busca construir opciones rápidas y que se adapten para responder en las crisis antes que grandes fuerzas lleguen demasiado tarde.
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