Cómo queda el despliegue de EE.UU. en el Caribe tras la partida del USS Gerald R. Ford hacia Medio Oriente

El portaaviones de clase Ford USS Gerald R. Ford (CVN-78) realiza pruebas de choque completas (FSST) durante su despliegue, demostrando la preparación operativa de la Armada estadounidense/ Créditos: Mass Communications Specialist Seaman Jackson Adkins / U.S. Navy

Mientras la guerra con Irán se intensifica, imágenes satelitales exponen que EE.UU. modificó la posición de sus portaaviones USS Gerald Ford y USS Abraham Lincoln / Créditos: Mass Communications Specialist Seaman Jackson Adkins / U.S. Navy

El portaaviones de clase Ford USS Gerald R. Ford (CVN-78) realiza operaciones aéreas mientras navega en el mar Caribe, como parte de la operación Southern Spear bajo el Comando Sur de EE.UU. / Créditos: Official X account of the USNavy

El envío del portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78) para sumarse al grupo del USS Abraham Lincoln refleja la prioridad inmediata de Washington: reforzar la disuasión frente a Irán en un contexto de negociaciones nucleares tensas. Como ya mencionó Escenario Mundial en su cobertura del 10 de febrero, Trump evalúa incluso desplegar un segundo portaaviones adicional si las conversaciones fracasan, lo que implicaría una concentración inédita de poder naval en el Golfo Pérsico.

Asimismo, el 11 de febrero, Escenario Mundial informó sobre el tránsito de escuadrones de F-35A Lightning II hacia Medio Oriente, confirmando que la Casa Blanca busca una capacidad aérea superior y sostenida. Y el 12 de febrero, el portal destacó que el Pentágono estudia ampliar aún más la presencia naval en la región, consolidando la prioridad estratégica frente a Irán

Impacto en el Caribe

El Ford había operado en el Caribe en 2025, liderando una campaña que culminó con la caída de Nicolás Maduro. Su partida deja a la región sin la plataforma naval más avanzada de EE.UU. Ahora el despliegue vuelve a apoyarse en ocho buques, un submarino y unos 4.000 efectivos, sin la capacidad aérea embarcada que ofrece un portaaviones.

Por su parte, Colombia, Brasil y socios caribeños deberán reforzar la cooperación en vigilancia marítima y aérea para compensar la ausencia de un portaaviones. Mientras que Rusia y China podrían aprovechar la menor visibilidad estadounidense para intensificar vínculos militares y económicos en América Latina.

El portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78), buque insignia del Carrier Strike Group Twelve, parte del Caribe rumbo a Medio Oriente/ Créditos: MC2 Maxwell Orlosky / U.S. Navy

La decisión refleja un dilema que refleja cómo reforzar Medio Oriente implica debilitar el Caribe. La presencia simultánea de dos portaaviones y cazas de quinta generación en el Golfo enviaría una señal contundente a Irán e Israel, pero al mismo tiempo dejaría a América Latina con un despliegue menos visible y más dependiente de fuerzas menores.

El precedente del Ford en el Caribe —que alteró el equilibrio político en Venezuela— demuestra que la ausencia de un portaaviones no es solo operativa, sino también simbólica reduciendo la capacidad de presión directa de Washington en su “patio trasero”.

Ahora bien, el envío del USS Gerald R. Ford al Medio Oriente fortalece la disuasión frente a Irán, pero deja al Caribe con un despliegue reducido y más dependiente de aliados regionales. En este vacío, Moscú y Pekín encuentran margen para ampliar su influencia en América Latina, mientras EE.UU. concentra su poder naval y aéreo en el Golfo Pérsico.

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