- Un contingente de 50 efectivos bajo Task Force Philippines consolida presencia sostenida en el archipiélago.
- La presencia rotacional busca contrarrestar las crecientes tensiones y reclamos territoriales de Beijing.
- El objetivo de la misión es fortalecer vínculos “ejército a ejército”, mejorar infraestructura y formalizar la cooperación bilateral en seguridad regional.

La presencia rotacional del Ejército estadounidense en Filipinas, formalizada en 2025 bajo Task Force Philippines, marca un cambio estratégico en la postura militar de Washington en el Indo-Pacífico. Aunque modesta en número, la iniciativa apunta a reforzar la cooperación bilateral y a enviar un mensaje de disuasión frente a las crecientes tensiones con China en el Mar de China Meridional.
De la retirada a la cooperación renovada
EE.UU. mantuvo bases permanentes en Filipinas hasta principios de los 90, cuando fueron cerradas por decisión parlamentaria en un clima de nacionalismo. Sin embargo, acuerdos posteriores han permitido el regreso de las fuerzas armadas estadounidenses, aunque en menor escala y sin carácter permanente. Esta nueva rotación busca reflejar la continuidad de la presencia en la región pero con un modelos más persistente y formalizado.
La iniciativa se enmarca en un entorno plagado de tensiones crecientes entre Filipinas y China, con reiterados incidentes entre guardacostas y pescadores chinos. El trasfondo geopolítico y estratégico del Mar de China Meridional, rico en recursos y disputado, se vuelve epicentro de la rivalidad entre EE.EE. UU. y China.
Analistas señalan que la presencia rotacional, aunque ya hemos mencionado que en números en modesta, refuerza la capacidad de comunicación y coordinación militar. Recordemos que el objetivo de la fuerza rotacional de 50 efectivos bajo mando del Ejército norteamericano tiene como objetivo central es fortalecer vínculos “ejército a ejército” y mejorar la infraestructura incrementando la interacción diaria con las fuerzas armadas filipinas.
Finalmente, expertos del CSIS y del CNAS destacan que la medida es incremental, pero significativa ya que fortalece la postura conjunta sin provocar una escalada inmediata. Estos movimientos graduales son vistos como parte de una estrategia de “disuasión sin provocación”, que probablemente será criticada por Beijing pero difícilmente desencadene una respuesta mayor.
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