- La Cámara de Diputados de Argentina aprobó el acuerdo Mercosur-UE, pero su entrada en vigor depende aún del Senado y de un complejo proceso de ratificación internacional.
- El tratado también debe superar instancias institucionales europeas —incluido el Tribunal de Justicia de la UE y los parlamentos nacionales— donde persisten objeciones agrícolas y ambientales.
- Los países del Mercosur aceleran sus propios debates legislativos para ser los primeros en ratificarlo y acceder anticipadamente a cuotas comerciales y beneficios de exportación.
La Cámara de Diputados de Argentina aprobó el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea con 203 votos a favor, 42 en contra y cuatro abstenciones, convirtiéndose en el primer parlamento del bloque sudamericano en dar un paso formal hacia su ratificación. El proyecto ahora va a ser tratado por el Senado, que es la última instancia legislativa nacional antes de que el país pueda notificar oficialmente su adhesión al tratado.

En este sentido, lo que se deliberó no fue el fondo ni la forma del mismo, ya que el acuerdo no podía ser modificado por los legisladores: al tratarse de un tratado internacional, solo podía aceptarse o rechazarse en su totalidad. La votación mostró un amplio respaldo multipartidario. El objetivo del gobierno argentino es convertirse en el primer país del Mercosur en ratificarlo completamente para obtener ventajas comerciales tempranas.
¿Qué falta para que se ratifique el acuerdo?
Sin embargo, la entrada en vigor del acuerdo depende de un proceso internacional mucho más complejo. El tratado es considerado “mixto”, lo que exige ratificación en los cuatro países del Mercosur y también en la Unión Europea, donde debe ser aprobado por el Consejo, el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales de los 27 Estados miembros. Actualmente, el Parlamento Europeo remitió el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para verificar su compatibilidad jurídica, una revisión que podría demorar hasta dos años.
Paralelamente, la Comisión Europea evalúa la posibilidad de aplicar provisionalmente la parte comercial si al menos un país sudamericano completa su ratificación. El portavoz europeo de Comercio, Olof Gill, afirmó que Bruselas estará preparada “cuando un país del Mercosur esté preparado”, aunque aclaró que Argentina aún debe superar la instancia del Senado. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, también instó a avanzar en la implementación una vez que exista una ratificación sudamericana.
Los países sudamericanos que faltan votar
Mientras tanto, los demás socios del Mercosur aceleraron sus propios procesos legislativos. Brasil ya envió el texto al Congreso y planea tratarlo en el recinto tras el receso parlamentario de febrero. Uruguay creó una comisión bicameral para analizarlo y escuchar a los sectores productivos. En Uruguay, el canciller Mario Lubetkin describió la situación como “una sana carrera” entre los países del bloque para ser el primero en ratificarlo.

A partir de ahora, se conformará una comisión bicameral donde se espera darle celeridad al tratamiento del proyecto, que supone un beneficio importante para algunos sectores. El senador uruguayo del Frente Amplio (FA), Daniel Caggiani, anticipó que a partir del próximo viernes 27 podría comenzar el tratamiento formal y llamó a “establecer un mecanismo rápido para que ambas cámaras podamos recibir de manera conjunta”, destacando que existe “un avance importante en materia de adhesión del conjunto de los partidos políticos”.
Por otro lado, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, presentó a la Comisión Permanente del Congreso de su país -que sesiona durante el receso parlamentario- el acuerdo de asociación para su ratificación y socializó con los gremios de industriales los beneficios del acuerdo.
La carrera por ratificar el acuerdo Mercosur-Unión Europea tiene fundamentos ecónmicos concretos
Sustancialmente, esta carrera tiene sus fundamentos económicos concretos. La aplicación provisional permitiría a los primeros ratificantes acceder antes a cuotas de exportación —especialmente carne y productos agroindustriales— con destino al mercado europeo, el mayor importador mundial de alimentos procesados. Por el contrario, dentro de la UE el acuerdo enfrenta resistencias, principalmente de Francia, Irlanda y algunos sectores agrícolas que temen la competencia sudamericana y cuestionan los estándares ambientales vinculados a la deforestación.

Oportunamente firmado en 2019 tras dos décadas de negociaciones, el acuerdo crearía uno de los mayores espacios de libre comercio del mundo, abarcando cerca de 800 millones de personas. La aprobación argentina no garantiza su vigencia inmediata, pero sí altera el escenario diplomático: desplaza el eje del debate desde Sudamérica a Europa y aumenta la presión política sobre Bruselas para decidir si avanza con la liberalización comercial o mantiene bloqueado el pacto por razones regulatorias y ambientales.
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