- Teherán insiste en que su arsenal convencional es no negociable y recuerda que no existe un tratado internacional vinculante que limite su desarrollo.
- Netanyahu presiona para que cualquier acuerdo incluya límites explícitos al programa misilístico, estimando que Irán podría alcanzar hasta 8.000 misiles en 2028.
- Estados Unidos mantiene abiertas las negociaciones, aunque refuerza su presencia militar y las sanciones económicas como medidas de disuasión.

El debate sobre el futuro de la seguridad en Medio Oriente ha girado nuevamente hacia Irán, pero esta vez no por su programa nuclear, sino por su creciente capacidad misilística. Tras la reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, la discusión internacional se centra en cómo contener un arsenal que Teherán considera esencial para su defensa y que Israel percibe como una amenaza existencial.
Irán defiende su programa de misiles
Teherán insiste en que su programa convencional de misiles es no negociable. Argumenta que no existe un tratado internacional vinculante que limite su desarrollo y que los marcos existentes —como el Régimen de Control de Tecnología de Misiles (MTCR) o el Código de Conducta de La Haya— son voluntarios. Para Irán, los misiles representan su principal herramienta de disuasión en un entorno regional marcado por la presencia militar estadounidense y las alianzas de seguridad de Israel.

Israel exige restricciones mientras Washington apuesta por la diplomacia
Netanyahu ha presionado para que cualquier acuerdo futuro incluya límites explícitos al arsenal misilístico iraní. Según estimaciones israelíes, Irán podría alcanzar hasta 8.000 misiles para 2028, lo que plantea el riesgo de ataques de saturación capaces de superar sistemas de defensa avanzados. Para Tel Aviv, el programa de misiles es tan crítico como el nuclear y debe ser contenido antes de que alcance un punto irreversible.
Estados Unidos mantiene abiertas las negociaciones, aunque refuerza su presencia militar en la región y aplica sanciones económicas como medidas de presión. La administración Trump considera que la diplomacia aún puede lograr resultados, pero reconoce que el programa misilístico es un desafío estructural que complica cualquier acuerdo.
Con el programa nuclear parcialmente contenido tras los ataques de 2025 contra instalaciones clave, el arsenal de misiles emerge como el verdadero desafío estratégico. Para Israel y sus aliados, la insistencia de Teherán en mantenerlo como herramienta de disuasión sugiere que cualquier negociación futura enfrentará un obstáculo difícil de superar.
El programa de misiles iraní se ha convertido en el nuevo eje de tensión en Medio Oriente. Mientras Washington busca mantener abierta la vía diplomática, Israel exige restricciones inmediatas y Teherán rechaza cualquier negociación sobre su capacidad convencional. En este tablero, los misiles no solo representan un activo militar, sino también un símbolo de soberanía y resistencia, lo que convierte su control en uno de los dilemas más complejos de la seguridad internacional.
Mientras la discusión sobre los misiles refleja la dimensión diplomática y política de la tensión, el refuerzo naval estadounidense expone el otro lado de la estrategia: la presión militar directa como herramienta de disuasión. En conjunto, ambos movimientos —la insistencia israelí en limitar el arsenal misilístico y la presencia reforzada de la Marina de EE.UU.— evidencian una política dual que combina sanciones, diplomacia y poder militar para contener a Irán en todos los frentes.
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