Presidentes Cumbre Mercosur. Crédito: Mercosur
Brasil inició un análisis formal del acuerdo comercial anunciado entre Argentina y Estados Unidos ante la posibilidad de que viole las normas del Mercosur, según indicaron fuentes diplomáticas citadas por Reuters. El documento publicado por Washington plantea reducciones arancelarias para productos estadounidenses, lo que llevó a Itamaraty a evaluar si el entendimiento supera los límites permitidos para negociaciones bilaterales dentro de la unión aduanera sudamericana.
En este sentido, el Mercosur restringe la firma de tratados comerciales individuales de los Estados miembros con terceros países para preservar su poder negociador conjunto. De acuerdo con fuentes brasileñas, el acuerdo podría abarcar cerca de 200 posiciones arancelarias, mientras que Argentina dispone de un máximo de 150 excepciones temporales al Arancel Externo Común. Sin embargo, un funcionario argentino sostuvo, sin embargo, que “las reducciones arancelarias anunciadas caen dentro de la lista de excepciones” autorizadas.
Más allá de los aranceles, Brasil también observa posibles conflictos regulatorios vinculados a reglas de origen y barreras técnicas. El canciller argentino Pablo Quirno afirmó en conferencia de prensa que el Mercosur no impide este tipo de entendimientos y señaló que parte de las medidas podrían implementarse por decreto presidencial, aunque un acuerdo integral requeriría aprobación legislativa. La cercanía política entre Javier Milei y el presidente estadounidense Donald Trump agrega una dimensión estratégica al acercamiento bilateral.
El episodio reabre un debate considerado histórico dentro del bloque fundado en 1991, y es el equilibrio entre integración y autonomía comercial. Uruguay evaluó en 2006 un tratado de libre comercio con Estados Unidos y posteriormente buscó un acuerdo con China, mientras que durante el gobierno de Jair Bolsonaro el entonces ministro Paulo Guedes llegó a advertir sobre la posibilidad de abandonar el Mercosur si limitaba la apertura económica de Brasil.
En concreto, el foco podría estar puesto en cuatro núcleos normativos. Primero, lo que refiere principalmente al Arancel Externo Común (AEC), que se da porque el Mercosur funciona —aunque de manera imperfecta— como unión aduanera. Esto implica que los Estados miembros aplican un arancel uniforme a productos provenientes de terceros países. Si Argentina concede rebajas arancelarias permanentes a EE.UU. por fuera del esquema autorizado, estaría alterando unilateralmente el AEC y generando desvíos de comercio dentro del bloque (productos estadounidenses entrando por Argentina y circulando luego al resto del Mercosur).
En segundo lugar, las decisiones del Consejo del Mercado Común sobre negociaciones externas conjuntas. Desde el año 2000 existe un compromiso político-jurídico que establece que los miembros no deben firmar acuerdos comerciales preferenciales individuales con terceros Estados, sino negociar como bloque. Este principio es el fundamento de la negociación conjunta con la Unión Europea y otros socios. Un acuerdo bilateral profundo con Washington podría interpretarse como violación directa de esa regla.
Por otro lado, el régimen de excepciones arancelarias autorizadas. Argentina dispone de una lista limitada (150 productos) de excepciones temporales al AEC. Brasil analiza si las concesiones a Estados Unidos se mantienen dentro de esa cuota. Si el acuerdo cubre un número mayor de bienes o implica preferencias permanentes, dejaría de ser una excepción permitida y pasaría a ser un acuerdo preferencial incompatible con la normativa del bloque.
Y por último, las reglas de origen y disciplinas no arancelarias. Un tratado bilateral también puede afectar las certificaciones técnicas, normas sanitarias, servicios e inversiones. Si productos estadounidenses obtienen tratamiento preferencial en Argentina sin cumplir las reglas de origen del Mercosur, podrían ingresar indirectamente a Brasil, Uruguay o Paraguay, erosionando la protección común del mercado regional.
Para el gigante sudamericano, principal economía del bloque, más que económico el riesgo central es institucional. Si un socio avanza unilateralmente en acuerdos preferenciales, el Mercosur podría transformarse en una zona de libre comercio flexible en lugar de una unión aduanera.
El análisis en curso que podriamos deducir es que el movimiento de Brasil refleja una disputa técnica y una discusión más de fondo sobre el futuro del esquema de integración regional y su capacidad para negociar colectivamente frente a potencias extrarregionales.
Lo cierto tambien es que el acercamiento entre Javier Milei y Donald Trump, es observado con cautela por funcionarios del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Así, más que un desacuerdo coyuntural, la controversia actual refleja esta continuidad histórica, el Mercosur nunca logró resolver completamente el equilibrio entre proyecto regional y políticas exteriores nacionales, y el caso argentino-estadounidense vuelve a colocar ese dilema en el centro de la agenda sudamericana.
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