- Ataques rusos alcanzaron instalaciones de generación y distribución eléctrica en gran parte de Ucrania, provocando cortes de energía generalizados en pleno invierno.
- Kiev denunció el uso de más de 400 drones y decenas de misiles, mientras Polonia activó medidas preventivas y cerró aeropuertos cercanos a la frontera.
- En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump trasladó a Kiev y Moscú su intención de forzar un acuerdo para poner fin a la guerra antes de junio.

Rusia lanzó una nueva ofensiva a gran escala contra la infraestructura energética de Ucrania, profundizando la presión militar y humanitaria sobre el país en uno de los momentos más críticos del invierno. Los ataques, ejecutados de forma coordinada con drones y misiles de largo alcance, afectaron centrales eléctricas, subestaciones y nodos clave de la red de transmisión, generando cortes de suministro en la mayoría de las regiones ucranianas y reavivando el debate sobre el uso del clima como herramienta de guerra.
Según el operador de la red eléctrica ucraniana Ukrenergo, las fuerzas rusas llevaron a cabo lo que describió como un “ataque masivo” que obligó a aplicar apagones de emergencia en amplias zonas del país. El primer ministro y ministro de Energía de Ucrania, Denys Shmyhal, confirmó daños en las centrales térmicas de Burshtynska y Dobrotvirska, en el oeste del país, y solicitó asistencia urgente a Polonia para estabilizar el sistema. Las autoridades advirtieron que las tareas de reparación solo podrán comenzar cuando la situación de seguridad lo permita.
El presidente Volodímir Zelenski detalló que la ofensiva incluyó más de 400 drones y alrededor de 40 misiles, con impactos confirmados en las regiones de Volyn, Ivano-Frankivsk, Lviv y Rivne, además de nuevos ataques en áreas de Kiev y Járkov. Desde Kiev insistieron en que Moscú busca deliberadamente degradar la capacidad de resistencia civil utilizando el invierno como multiplicador del daño, una estrategia que ya se había observado en campañas previas contra el sistema energético ucraniano.
Las repercusiones de los ataques se extendieron más allá de Ucrania. En el sureste de Polonia, las autoridades suspendieron temporalmente las operaciones en los aeropuertos de Rzeszów y Lublin, ambos próximos a la frontera ucraniana y claves para la logística militar aliada. El comando operativo de las Fuerzas Armadas polacas informó que la aviación militar comenzó a operar de forma preventiva en el espacio aéreo nacional, subrayando la sensibilidad regional de los ataques rusos y su potencial de escalada.
Mientras se intensifican las hostilidades, el frente diplomático muestra señales ambiguas. Zelenski afirmó que Estados Unidos comunicó a Kiev y Moscú un plazo hasta junio para alcanzar un acuerdo que ponga fin a la guerra. De acuerdo con el mandatario ucraniano, la administración del presidente Donald Trump busca imponer un calendario claro para cerrar el conflicto antes del inicio del verano boreal y estaría dispuesta a ejercer presión sobre ambas partes si no se registran avances concretos.

Trump, por su parte, señaló públicamente que las conversaciones avanzan “muy bien” y sugirió que “algo podría estar pasando” en relación con Ucrania, aunque evitó ofrecer detalles. Fuentes citadas por Reuters indicaron que negociadores estadounidenses y ucranianos exploran objetivos ambiciosos, incluso con la idea de un entendimiento preliminar en los próximos meses, aunque las disputas territoriales siguen siendo el principal obstáculo.
En este contexto, Moscú continúa utilizando su capacidad energética y militar como palanca estratégica. El Kremlin, encabezado por Vladimir Putin, ha sostenido el esfuerzo bélico gracias a los ingresos derivados del petróleo y el gas, incluso en un escenario de sanciones. En las últimas semanas, además, Washington levantó un arancel punitivo sobre importaciones desde India vinculado a la compra de crudo ruso, una decisión que refleja el delicado equilibrio entre presión económica y realismo geopolítico.

El cuadro que se perfila combina una escalada militar focalizada en objetivos críticos, un invierno que agrava el impacto sobre la población civil y una ventana diplomática estrecha impulsada desde Washington. Con la red eléctrica ucraniana nuevamente bajo fuego y las negociaciones aún lejos de un consenso sobre territorio y seguridad, el desenlace del conflicto sigue abierto y cargado de incertidumbre, tanto para Ucrania como para la arquitectura de seguridad europea.
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