Ante las recientes advertencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia Canadá por el comercio aeronáutico, el alto funcionario danés, Rasmus Jarlov, cuestionó públicamente el programa de los cazas F-35. Jarlov advirtió sobre los riesgos de dependencia estratégica frente a decisiones unilaterales que podría tomar Washington.
De este modo, el funcionario expresó en su cuenta oficial de X que los países “no deberían comprar F-35” y lamentó que Dinamarca haya avanzado en esa dirección, instando a retirar de Estados Unidos cualquier elemento que pudiera ser utilizado como herramienta de presión o extorsión política. El mensaje se conoció luego de que Trump amenazó con imponer un arancel del 50 % a cualquier aeronave canadiense vendida en el mercado estadounidense.
En virtud de las recientes presiones, Trump vinculó esa eventual medida con la negativa de Canadá a certificar aeronaves fabricadas por Gulfstream Aerospace, con sede en Georgia, y advirtió que Estados Unidos respondería con la descertificación de aeronaves canadienses que operan en su territorio. En ese marco, anunció la descertificación de los jets ejecutivos Global Express producidos por Bombardier, de los cuales existen 150 aeronaves registradas en Estados Unidos, operadas por 115 compañías.
Crecen las tensiones entre Estados Unidos, Dinamarca y Canadá
La respuesta por parte de la empresa aeronáutica no se hizo esperar, y de este modo Bombardier reaccionó señalando que sus aeronaves cumplen con los estándares de certificación de la Administración Federal de Aviación y que mantiene contacto con el gobierno canadiense. La empresa advirtió además que una escalada del conflicto podría afectar el tráfico aéreo y al público que vuela en Estados Unidos, en un mercado donde sus jets compiten directamente con los modelos de Gulfstream.

Paralelamente, la disputa se inscribe en un clima político más amplio de tensiones entre Washington y Ottawa. Trump ya había advertido sobre posibles aranceles del 100 % a bienes canadienses en caso de avanzar con acuerdos comerciales con China, mientras que el primer ministro Mark Carney rechazó presiones y defendió la diversificación comercial de Canadá.
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