La Armada de Taiwán condujo un ejercicio naval en el que contrarrestó una serie de amenazas anfibias en medio de la tensión con China, la principal hipótesis de conflicto que maneja Taipéi. Hay que recordar que, si bien la isla se autogobierna de manera democrática, también es reclamada por parte de la potencia asiática, lo que lleva a que muchos países no reconozcan la independencia de la denominada oficialmente República de China.

Es así que la autonomía de Taiwán se sostiene en la capacidad económica de su industria tecnológica – por ejemplo, la principal fabricante de semiconductores del mundo es la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) – y la inversión militar que deriva de estas ganancias, posibilitada por la venta de armas de Estados Unidos, que no reconoce su independencia, pero apoya su autonomía.
Por eso, ejercicios navales como el realizado esta semana en la playa de Taoziyuan juegan un rol clave en apuntalar la disuasión a un posible ataque militar de China con vistas a la “reunificación”, que el pasado 28 de enero en una audiencia con el Senado estadounidense fue considerado por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, como un “proyecto de legado” del actual líder chino Xi Jinping.
Hay que recordar que las tensiones se remontan a 1949, cuando los nacionalistas chinos derrotados en la guerra civil por los comunistas bajo el liderazgo de Mao Zedong se refugiaron en Taiwán y fundaron la autodenominada República de China. Desde entonces, Pekín reclama el reconocimiento de su soberanía sobre la isla, algo que 70 países -entre ellos la Argentina– reconocen.

La Armada de Taiwán realiza ejercicios navales para contrarrestar un asalto anfibio en medio de la escalada con China
Los ejercicios navales realizados por Taiwán en la playa de la ciudad de Kaohsiung simularon diferentes escenarios de combate anfibio, una de las vías en la que, especulan, podría provenir la amenaza de China.
El primer operativo simuló la detección de un buque no identificado navegando en las aguas cercanas de Taiwán, según reportó la Agencia de Noticias Central de la autodenominada República de China. Como respuesta a la amenaza, la Armada lanzó un drone de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR por sus siglas en inglés), mientras tropas de la Unidad de Patrulla y Reconocimiento Anfibio abordaron un bote de asalto M109 destinado a interceptar, inspeccionar y conducir el vehículo fuera de las aguas territoriales.
Más adelante, la Armada taiwanesa trabajó sobre el escenario de un radar móvil detectando una flota de barcos enemigos, una proyección con la cual la población y los altos mandos militares de Taipéi conviven diariamente. En este caso, el grupo de ataque litoral lanzó un nuevo drone ISR para confirmar la actividad.

Pero también se desplegaron lanzadores de misiles Hsiung Feng, y barcos de misiles Kuang Hua VI simularon lanzamientos de ataque coordinados sobre la formación enemiga. La evaluación del daño sobre la formación naval enemiga fue conducida por el mencionado drone ISR.
El Cuerpo de Marines de Taiwán lanzó más adelante un ataque con un dron Ching Feng 1 desde la costa y otro desde una lancha rápida, que simularon ataques sobre objetivos que representaban una flota de vehículos anfibios enemigos. Aquí, según el reporte oficial, se evidenciaron las vicisitudes posibles de la guerra: mientras que el drone lanzado desde el mar alcanzó su objetivo, el que partió desde tierra se estrelló en la playa. Entonces otro Ching Feng 1 fue lanzado desde la costa y golpeó su objetivo.
El ejercicio naval también empleó francotiradores de la compañía de operaciones especiales de la Unidad de Reconocimiento y Patrullaje Anfibio, quienes, armados con rifles T112, se posicionaron para simular la identificación y eliminación de un comandante dentro de la fuerza enemiga en desembarco. La Armada después eliminó el resto de las fuerzas enemigas utilizando demoliciones sumergidas e instaladas en la costa.
Como se observa, el ejercicio se fundamentó en una amenaza que actualmente corporiza la República Popular China, donde su líder Xi Jinping ya ha dejado en claro que la “reunificación” con Taiwán es una política de estado a la que orienta su esfuerzo militar.
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