El ministro de Defensa de Noruega, Tore Sandvik, advirtió que misiles balísticos intercontinentales lanzados desde Rusia podrían alcanzar ciudades de Estados Unidos en apenas 18 minutos. Dicha afirmación se basa en la trayectoria más corta entre ambos países a través del Ártico y, según Sandvik, convierte a la región en un eje central de la defensa colectiva de la OTAN.

De este modo, Sandvik explicó que este tipo de misiles puede desplazarse a una velocidad aproximada de siete kilómetros por segundo, reduciendo drásticamente los tiempos de reacción ante un eventual ataque. En este contexto, la península rusa de Kola, que concentra uno de los mayores arsenales nucleares del mundo, adquiere una relevancia estratégica clave dentro del equilibrio de disuasión nuclear global.
Con una mirada que remite a la proyección estratégica heredada de la era soviética, el gobierno ruso ha retomado el interés sobre el territorio ártico. Tras el final de la Guerra Fría, los Estados de la región redujeron de forma significativa su presencia militar; sin embargo, desde los años 2000 y bajo el liderazgo de Vladimir Putin, Rusia impulsó una revitalización militar y económica del Ártico. En la actualidad, Moscú controla cerca de la mitad del territorio ártico y mantiene más de 40 instalaciones militares a lo largo de su costa, incluidas bases aéreas, aeródromos y estaciones de radar.
Noruega reclama más implicancia de la OTAN
En este sentido, el Ártico ocupa un lugar central en la doctrina nuclear rusa. La Flota del Norte, con base en la península de Kola, opera seis de los doce submarinos nucleares del país y constituye la columna vertebral del dispositivo estratégico de Moscú. Su modernización refleja la importancia que el Kremlin asigna a esta región para su capacidad de respuesta nuclear.

Ante este escenario, Noruega y Dinamarca reclaman una mayor implicación de la OTAN en el extremo norte, ante el deshielo polar y el creciente interés de actores extrarregionales como China. En respuesta, la Alianza intensificó la vigilancia aérea y submarina, sumando también los ejercicios militares en condiciones árticas, mientras el debate sobre una eventual militarización del Ártico continúa ganando peso en la agenda estratégica internacional.
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