The White House Gallery
Cuando se confirmó que Donald Trump regresaría a la Casa Blanca, el mundo se empezó a preparar para lo que sería un futuro turbulento. Sin embargo, probablemente en Occidente jamás se imaginaron que el magnate, además de imponer cientos de aranceles, sería capaz de amenazar con la fuerza a un miembro de la OTAN como Dinamarca. Y esta versión 2.0 del mandatario, que tiene como principal objetivo contener el ascenso de China, está logrando lo inimaginable: que Occidente se acerque a Pekín.
El alejamiento de los países occidentales respecto a Washington quedó en evidencia la semana pasada en el Foro de Davos cuando el primer ministro de Canadá, Mark Carney, reconoció la ruptura del orden mundial en el que “cada día nos recuerdan que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias, que el orden basado en reglas se está desvaneciendo, que los fuertes pueden hacer lo que puedan, y los débiles deben sufrir lo que deben”.
“Más recientemente, las grandes potencias han empezado a usar la integración económica como armas. En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por favores o unirse para crear un tercer camino con impacto”, agregó, dejando en claro que Canadá no se someterá a Estados Unidos, su histórico aliado.
El mejor ejemplo de un giro hacia China se dio esta semana cuando el primer ministro británico Keir Starmer llegó al Gigante Asiático con la esperanza de revitalizar los lazos empresariales.
La visita de cuatro días de Starmer a China será la primera de un primer ministro británico desde 2018. Y, lejos de ser una casualidad, se concreta luego de la de Carney a principios de este mes, siendo el primer primer ministro canadiense en visitar Pekín desde 2017.
Durante la visita de Carney, ambos países firmaron un acuerdo económico para derribar barreras comerciales y forjar una nueva relación estratégica. Y, en una declaración que hace un par de años hubiese sido impensable, Carney describió a China como “un socio más predecible y fiable”.
En esta línea, durante el Foro de Davos, el presidente francés Emmanuel Macron, uno de los líderes europeos más críticos de Trump, pidió más inversiones extranjeras directas (IED) chinas en “algunos sectores clave” del Viejo Continente.
“China es bienvenida, pero lo que necesitamos es más inversiones extranjeras directas chinas en Europa, en algunos sectores clave. Esto permitirá contribuir a nuestro crecimiento, transferir algunas tecnologías, y no solo para que Chine exporte hacia Europa algunos dispositivos o productos que a veces no cumplen con los mismos estándares, o están mucho más subvencionados que los que se producen en nuestro continente”, dijo Macron.
Según el primer ministro canadiense, “existe una fuerte tendencia de los países a seguir el juego para llevarse bien, para acomodarse, para evitar problemas. Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se ofrece”.
Por ello, Carney instó a las potencias intermedias, como Canadá, Brasil, Turquía o India, a que actúen “juntas. Si no estamos en la mesa, estamos en el menú”. Pero Starmer, líder de uno de los países más poderosos en la historia, no cree que este sea el camino correcto.
En realidad, el primer ministro británico explicó que es “un pragmático británico que aplica el sentido común, y por eso me alegra que tengamos una buena relación con Estados Unidos en materia de defensa, seguridad, inteligencia y comercio y prosperidad. Es muy importante que mantengamos esa buena relación.”
Pero Starmer ha dejado en claro su pragmatismo recientemente: Antes de viajar al Gigante Asiático, logró que se aprobara el proyecto de China para construir en Londres su embajada más grande de toda Europa.
Starmer ha dejado en claro que quiere cooperar, competir y desafiar a Pekín cuando sea necesario: “Obviamente, China es la segunda economía más grande del mundo, uno de nuestros mayores socios comerciales. Pero bajo el último gobierno, pasamos de la edad de oro a la edad de hielo. Y lo que quiero hacer es seguir un enfoque integral y coherente hacia China”.
“Hay oportunidades, pero obviamente nunca comprometeremos la seguridad nacional al aprovecharlas. (…) no tiene sentido enterrar la cabeza bajo tierra y enterrarla en la arena cuando se trata de China, nos conviene dialogar”, sentenció.
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GRACIAS POR LA INFORMACIÓN.,,,,,,,,,,SALUDOS👋
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