Un avión de transporte militar Airbus A400M Atlas de la Real Fuerza Aérea Británica (RAF), matrícula ZM413, fue seguido mediante plataformas de rastreo abierto mientras realizaba un sobrevuelo sobre la zona de la Base Antártica Conjunta San Martín (Argentina), en un sector de cercanía operativa con la base Rothera del British Antarctic Survey (BAS). El episodio fue difundido en redes y volvió a poner bajo lupa la proyección logística británica entre Malvinas, el sur de Chile y el eje antártico.

El dato central es verificable por fuentes abiertas: capturas de Flightradar24 muestran al A400M ZM413 operando con el indicativo RRR4000 en un tramo registrado entre Punta Arenas (PUQ) y Santiago (SCL) el 20 de enero de 2026, con una traza prolongada que incluye maniobras y esperas sobre la Península Antártica. En paralelo, otra captura refleja la actividad de un Airbus KC2 Voyager (avión de reabastecimiento) con matrícula ZZ333 y el indicativo GNT01, asociado a un perfil consistente con apoyo de reabastecimiento aéreo proveniente del entorno de la base Monte Agradable (Mount Pleasant).



En términos operativos, el comportamiento observado encaja con un supuesto prudente: una espera/órbita en zona antártica para coordinar un reabastecimiento en vuelo (REV) o para resolver restricciones de tránsito, meteorología o secuencia logística. La combinación A400M–Voyager es particularmente relevante porque integra capacidad de transporte táctico-estratégico con autonomía ampliada mediante reabastecimiento, una fórmula que aumenta el radio de acción y la flexibilidad para sostener rutas largas en un entorno donde las alternativas de desvío son limitadas.
Lo que no puede inferirse con el mismo nivel de certeza es el objetivo específico de la maniobra sobre un punto sensible: las plataformas de rastreo permiten ver la traza, pero no “explican” la intención. Aun así, desde la óptica argentina, el hecho de que un avión militar británico aparezca asociado a un sobrevuelo de una instalación nacional en la Antártida, aunque sea por una espera técnica, tiene un peso político inevitable cuando se lo conecta con la presencia permanente del Reino Unido en Mount Pleasant y la disputa de soberanía en el Atlántico Sur.
La proyección logística británica entre Malvinas, Chile y la Antártida vuelve a quedar expuesta
El episodio no ocurre en el vacío. Escenario Mundial ya había reportado recientemente que el mismo A400M ZM413 voló desde las Islas Malvinas hacia Santiago de Chile y fue observado en instalaciones vinculadas al Grupo de Aviación N°10 de la FACh, reintroduciendo un punto sensible: el uso de nodos regionales para sostener capacidades militares británicas asentadas en Malvinas.
Ese antecedente aporta una lectura consistente: el A400M es una plataforma diseñada para mover carga, personal y equipos a larga distancia y con flexibilidad, y su empleo, sumado a la participación de un avión de reabastecimiento, sugiere una arquitectura de apoyo que no depende de un solo corredor. En esa lógica, Chile (y particularmente el eje austral) aparece como un entorno funcional para escalas, reabastecimiento, contingencias y tránsito, sin necesidad de que Londres formalice bases adicionales en el continente.

En la dimensión antártica, el punto agrega otra capa. El Reino Unido, a través del BAS, sostiene actividad en Rothera como hub científico-operativo, y el hecho de ver aeronaves militares vinculadas a su red de apoyo, aunque no sea una “operación antártica” en sentido estricto, alimenta la percepción de continuidad entre el dispositivo del Atlántico Sur y la profundidad logística en el entorno antártico. Para la Argentina, esa continuidad es particularmente sensible por la historia de fricciones en el área y por el modo en que la infraestructura y la movilidad pueden convertirse en señales estratégicas, incluso cuando la misión declarada sea logística.
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