- Reino Unido retira su último buque del Golfo, quedando sin presencia naval de combate por primera vez desde 1980.
- El declive militar británico se refleja también en las Islas Malvinas, con menos tropas y preparación.
- El jefe militar Richard Knighton advierte que el Reino Unido “no está preparado” para una guerra de gran escala.
- La oposición denuncia un agujero de £28 mil millones en defensa, mientras Londres insiste en su compromiso global.

El HMS Middleton, último buque británico en el Golfo, regresará a casa en marzo sin reemplazo previsto. Por primera vez desde 1980, el Reino Unido quedará sin presencia naval de combate en Medio Oriente. La decisión simboliza el cierre de más de cuatro décadas de despliegue continuo, desde la Armilla Patrol durante la guerra Irán-Irak hasta Operation Kipion en tiempos recientes.
El repliegue ocurre en un momento de tensión creciente con Irán y de competencia naval con Rusia en el Atlántico, lo que multiplica las críticas internas. El almirante Alan West lo calificó como un “terrible error”, y analistas advierten que la idea de una “Global Britain” es insostenible con la actual capacidad naval.
El declive de la Real Armada Británica
La reducción de la capacidad naval británica no es un fenómeno reciente, sino el resultado de dos décadas de recortes y desgaste acumulado. El contraste es evidente cuando se comparan cifras y despliegues:
- 2003: durante la invasión de Irak, el Reino Unido pudo desplegar 37 buques en un año.
- 2010: la cifra cayó a 22 buques.
- 2015: apenas 17 buques.
- 2020: solo 15 buques.
- 2025: el despliegue se redujo a 8 buques, la mayoría vinculados al Carrier Strike Group en tránsito hacia el Indo-Pacífico.

La flota también se ha achicado en términos estructurales:
- En 2014, la Royal Navy contaba con 65 buques de guerra y 11 submarinos.
- En 2026, apenas 51 buques y 10 submarinos, con varios inactivos en puerto.
- Las fragatas tipo 23 pasaron de 13 a solo 7, mientras que los buques anfibios fueron desmantelados.
Aunque el Reino Unido mantiene dos portaaviones modernos y seis destructores tipo 45, la falta de escoltas y la baja disponibilidad de submarinos limitan seriamente su capacidad de proyección global. Los planes de renovación —nuevas fragatas, submarinos y drones navales bajo el programa Atlantic Bastion— aún están lejos de concretarse, lo que deja a la flota en un estado de transición prolongada.
El resultado es una fuerza que, en palabras de analistas, “ya no puede sostener la narrativa de potencia global”.
El espejo del Atlántico Sur
Este repliegue naval no es un hecho aislado. Como ya informó Escenario Mundial el 4 de enero, el Ejército británico llega a 2026 con menos tropa, menor preparación y déficits críticos de munición, logística y apoyo médico. El análisis advertía que la contracción de capacidades desde 1990 hasta 2025 pone en duda la sostenibilidad de su postura militar global, incluyendo el dispositivo en torno a las Islas Malvinas.
La pregunta es inevitable: si Londres no puede sostener un buque en el Golfo, ¿qué tan firme es su capacidad de mantener presencia en el Atlántico Sur? La tensión entre compromisos simultáneos, recursos limitados y decisiones políticas vuelve a exponer el dilema del “overstretch”.
La advertencia de Knighton: “No estamos preparados”
El repliegue naval se conecta directamente con la advertencia del jefe del Estado Mayor de la Defensa, Sir Richard Knighton, publicada por Escenario Mundial el 13 de enero. Ante el Parlamento, Knighton reconoció que las Fuerzas Armadas británicas “no están tan preparadas como necesitamos estar” para un conflicto de gran escala.
La falta de recursos, los retrasos en el Defence Investment Plan y el déficit presupuestario de £28.000 millones en la próxima década confirman que el Reino Unido enfrenta una brecha crítica entre ambiciones estratégicas y capacidades reales. En un contexto europeo marcado por la guerra en Ucrania y la presión sobre la OTAN, la advertencia es clara: Londres no está listo para sostener un enfrentamiento prolongado ni para comprometer tropas en un escenario de alta intensidad.

La oposición acusa al gobierno de “retirarse del escenario mundial” por falta de inversión en defensa y señala un agujero de £28 mil millones en las cuentas del Ministerio de Defensa. El gobierno insiste en que la base permanente en Bahréin seguirá siendo un “hub estratégico” y que la cooperación regional continuará a través de operaciones aéreas contra Daesh. Pero la realidad es que la credibilidad militar se erosiona cuando las promesas superan lo que el instrumento puede sostener.
El repliegue británico en Medio Oriente simboliza el fin de una era y confirma un patrón más amplio: el Reino Unido ya no puede sostener la narrativa de potencia global. La contracción de su Ejército, visible en el Atlántico Sur, y la advertencia de Knighton sobre la falta de preparación para un conflicto mayor son dos caras de la misma moneda.
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