- Trump insiste en que “el mundo no es seguro sin control total de Groenlandia”, filtrando mensajes con líderes europeos y difundiendo imágenes creadas con IA.
- Macron admite: “No entiendo lo que estás haciendo con Groenlandia”, mientras la OTAN se compromete a “encontrar un camino” sobre la isla.
- Wall Street cae, el oro toca récord y Europa evalúa represalias comerciales, tras la “noche de las amenazas” en Davos.

Donald Trump ha convertido la política exterior en un show digital. Lo que comenzó como mensajes filtrados y montajes con inteligencia artificial terminó en una declaración tajante: “no hay vuelta atrás” en su objetivo de controlar Groenlandia. La escena, más propia de un reality político que de un foro internacional, expone la fragilidad de las alianzas occidentales y la peligrosa mezcla entre ego personal y estrategia nacional.
El estilo Trump
No se trata solo de Groenlandia. Se trata de un presidente que utiliza las redes sociales para filtrar conversaciones privadas con líderes europeos, exhibirse en imágenes ficticias ondeando la bandera estadounidense en territorios ajenos y amenazar con tarifas descomunales a productos emblemáticos como el vino y el champagne francés. La diplomacia se degrada a espectáculo, y el resultado es una erosión de confianza que golpea directamente a la OTAN y al vínculo transatlántico.
En sus intercambios con líderes europeos, Trump dejó ver cómo los agravios personales se transforman en doctrina de seguridad. Al primer ministro noruego Jonas Støre le reprochó que su país no le hubiera otorgado el Nobel de la Paz por “haber detenido ocho guerras”, y concluyó que ya no se sentía obligado a pensar únicamente en la paz, sino en lo que era “bueno y apropiado para Estados Unidos”. En ese mismo mensaje insistió en que “el mundo no es seguro a menos que tengamos el control completo y total de Groenlandia”.

Con Emmanuel Macron, el tono fue distinto pero igual de revelador. El presidente francés le ofreció cooperación en Siria e Irán y hasta propuso organizar una cena y un G7 improvisado en París, pero no ocultó su desconcierto: “No entiendo lo que estás haciendo con Groenlandia”. La incomodidad europea quedaba expuesta en una frase que resume la distancia entre la lógica de Trump y la de sus aliados.
Incluso el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se vio arrastrado a la narrativa. En un mensaje elogió lo que Trump había logrado en Siria y Gaza, y se comprometió a “encontrar un camino sobre Groenlandia”. La presión estadounidense convertía la disputa territorial en tema de agenda para la Alianza Atlántica.

Europa en la encrucijada
La respuesta europea oscila entre la firmeza y la incertidumbre. Dinamarca defiende su soberanía como valor innegociable, mientras Ursula von der Leyen llama a construir una “nueva independencia europea”. Sin embargo, la realidad es que el continente se enfrenta a un dilema: resistir la presión estadounidense sin dinamitar la cooperación en seguridad y comercio. La amenaza de represalias comerciales por parte de Bruselas refleja que la disputa ya no es simbólica, sino material.
Las palabras de Serguéi Lavrov, cuestionando la soberanía danesa sobre Groenlandia, son un recordatorio de que cada fisura en Occidente es una oportunidad para Moscú. Trump, al insistir en su narrativa de conquista, abre un espacio que Rusia aprovecha para reforzar su discurso contra el orden atlántico.
Diego García y las Islas Chagos
Como ya informó Escenario Mundial, Trump había criticado días atrás el acuerdo británico para transferir soberanía sobre el archipiélago de Chagos a Mauricio, cuestionando que Londres “regale” Diego García, sede de una base militar conjunta con Estados Unidos. En aquel momento, el presidente calificó la decisión como un acto de “gran estupidez” y lo utilizó para justificar por qué Groenlandia debía ser adquirida: evitar que otro aliado debilitara la seguridad occidental y dejara espacio a Rusia o China.
El costo inmediato
La política del espectáculo tiene consecuencias. Los mercados reaccionaron con caídas, el oro alcanzó máximos históricos y la volatilidad se disparó. La “noche de las amenazas” no solo fue un episodio diplomático: fue un golpe directo a la estabilidad financiera global.

Trump ha demostrado que su estilo no conoce límites. Mezcla agravios personales, ambiciones territoriales y amenazas comerciales en un mismo paquete. El resultado es un cóctel explosivo que pone en jaque a la OTAN, a la Unión Europea y a la confianza internacional. Groenlandia, convertida en símbolo de esta disputa, revela algo más profundo. La política exterior estadounidense bajo Trump ya no se mide en acuerdos ni en diplomacia, sino en gestos de poder que buscan imponer una narrativa de control absoluto.
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