- Por primera vez en más de un siglo, las Fuerzas Armadas de Canadá modelan una respuesta militar ante una posible invasión de Estados Unidos.
- Las proyecciones internas asumen que una invasión estadounidense podría superar defensas terrestres y marítimas canadienses en un plazo extremadamente breve, revelando la brecha estructural de capacidades y la necesidad de estrategias asimétricas.
- El modelo incorpora tácticas de combate irregular inspiradas en experiencias afganas y anticipa señales de alerta temprana en la relación bilateral, al tiempo que considera la creación de una fuerza de reserva masiva para sostener una eventual resistencia.
Las Fuerzas Armadas de Canadá desarrollaron un modelo teórico militar para evaluar cómo responderían ante una hipotética invasión de Estados Unidos, según informó The Globe and Mail. Se trata de la primera vez en más de un siglo que Canadá contempla formalmente un escenario de este tipo, aunque el propio informe aclara que no se trata de un plan militar operativo, sino de un ejercicio conceptual.

En consonancia con el informe periodístico, dos altos funcionarios del gobierno señalaron que los planificadores militares modelan una posible invasión desde el sur, asumiendo que las fuerzas estadounidenses podrían superar posiciones estratégicas canadienses en tierra y mar en el plazo de una semana, o incluso en apenas dos días; aunque ambos funcionarios coincidieron en que consideran poco probable que la administración estadounidense ordene una invasión.
En este sentido, destacan que Canadá carece del personal y del equipamiento necesarios para repeler un ataque convencional de Estados Unidos. El modelo militar explora una guerra no convencional, basada en emboscadas, sabotajes, ataques con drones y tácticas de golpear y huir, ejecutadas por pequeños grupos de civiles armados o combatientes irregulares.
En el plano interno, las autoridades descartaron por el momento la conscripción. Sin embargo, la jefa del Estado Mayor de la Defensa, la general Jennie Carignan, anunció planes para crear una fuerza de reserva de más de 400.000 voluntarios que podría ser utilizada para resistir un eventual ataque militar.
Se profundiza la tensión bilateral entre Canadá y EE.UU.
Por último, el modelo también prevé señales tempranas de una posible agresión, como la ruptura de la cooperación bilateral en el Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) o el fin de la política de cielos compartidos. Según un alto funcionario del Departamento de Defensa citado por el diario, Canadá tendría un máximo de tres meses para prepararse ante una invasión terrestre y marítima.

Esto se da paralelamente al anuncio de Trump del fin de las conversaciones comerciales con Canadá, alegando un anuncio “fraudulento” sobre aranceles, en momentos en que la autoridad presidencial sobre tarifas encara revisión judicial. En respuesta al clima de incertidumbre, Carney fijó como meta duplicar las exportaciones no dirigidas a EE.UU. en la próxima década, señalando que la dependencia histórica del mercado estadounidense se volvió una vulnerabilidad. La convergencia entre presión arancelaria y reorientación estratégica sugiere un reacomodo profundo de flujos comerciales en Norteamérica.
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