Los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro, de Estados Unidos y Colombia, respectivamente, acordaron reunirse en Washington tras dialogar por vía telefónica. Tras la amenaza velada de una intervención militar en Colombia, los presidentes dialogaron sobre varios temas y acordaron reunirse en febrero de 2026 en Washington. El hecho denota un elevado nivel de pragmatismo en la conducción de la política exterior de dos presidentes ideológicamente contrapuestos.

Antecedentes de las tensiones entre Trump y Petro
El pasado 3 de enero, Estados Unidos ejecutó una operación militar en Venezuela en la que capturó al expresidente Nicolás Maduro. Luego de este hecho, el presidente Trump dirigió su mirada hacia otros países no alineados con la política exterior estadounidense.
Al ser consultado por el presidente Petro y una posible intervención en Colombia, el mandatario norteamericano respondió que dicha idea estaba bien para él. Trump afirmó que “Colombia también está muy enferma” y acusó a Petro de “producir cocaína y venderla a Estados Unidos”. Sin embargo, añadió lo siguiente: “Permítanme decirles que no lo hará por mucho tiempo”, lo que dejaba entrever la posibilidad de una intervención.
En una entrevista para El País, el presidente Petro reconoció que temió ser capturado como Maduro luego de las amenazas de Trump. De hecho, mencionó que, debido a este miedo, dormiría junto a la espada de Bolívar, símbolo de la lucha antiimperialista. Asimismo, Petro convocó a la ciudadanía colombiana a manifestarse en las calles en contra del imperialismo norteamericano.

El historial de confrontación entre ambos líderes es amplio. En octubre, la asa Blanca incluyó a Petro y miembros de su círculo en la Lista Clinton de sospechosos de vínculos con el narcotráfico. Paralelamente, se le retiró la visa al presidente y se redujo significativamente la asistencia antidrogas a Colombia.
El mecanismo diplomático
La llamada en la que Trump y Petro acordaron reunirse y zanjaron sus diferencias es el resultado de esfuerzos discretos y prolongados. Políticos, empresarios y la cancillería colombiana aunaron esfuerzos para tender puentes con la administración Trump. Además, se conversó con la CIA y legisladores norteamericanos para reducir las tensiones, así como hubo ofertas de mediación de países como Qatar.
Hubo figuras centrales que condujeron a la consecución del diálogo entre Trump y Petro. El senador republicano Rand Paul, preocupado por una posible escalada a un conflicto mayor en la región, facilitó el contacto entre los mandatarios. Junto al embajador colombiano en Estados Unidos, Daniel García Peña, Paul trabajó estrechamente para organizar la comunicación.
El 7 de enero se desarrolló la llamada telefónica entre ambos mandatarios, en la que Petro llevó el peso de la conversación, exponiendo sus argumentos durante gran parte de esta. Por su parte, Trump intervino en los últimos 15 minutos.

Luego de esta, la retórica hostil se volvió cordial y respetuosa entre ambos líderes. Trump declaró que fue un “Gran Honor” hablar con Petro, agradeciendo el tono de su llamada. Por su lado, Petro también cambio su narrativa: reconoció que “Trump no es bobo”, al no dejarse engañar por dichos y rumores.
“Fue un gran honor hablar con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien me llamó para explicar la situación de las drogas y otros desacuerdos que hemos tenido. Agradezco su llamada y su tono, y espero reunirme con él próximamente” ~ Donald Trump, presidente de Estados Unidos, vía redes sociales (Traducción del inglés)
Posteriormente, Petro solicitó formalmente que se restablecieran las comunicaciones entre las cancillerías y los despachos presidenciales para evitar futuros malentendidos. A su vez, la Casa Blanca extendió una invitación formal a Petro para la primera semana de febrero, la cuál el presidente calificó como histórica. Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, y Rosa Villavicencio, canciller colombiana, fueron designados para coordinar los detalles logísticos del encuentro.
“Si no se dialoga, hay guerra” ~ Gustavo Petro, presidente de Colombia
Los ejes de discusión entre Trump y Petro
En el diálogo entre ambos mandatarios, se abordaron distintos ejes de alta relevancia para la relación bilateral. Entre estos, se destacan la situación del narcotráfico, la cuestión venezolana y la agenda energética.
El narcotráfico en Colombia
Este es el tema central para Washington en su abordaje de la relación bilateral. En este tópico, se evidencia un choque entre narrativas provenientes de ambos gobiernos.
Por un lado, Trump sostuvo que Colombia era un “narcoestado” bajo la dirección de Petro. Lo acusó de poseer “molinos” y “fábricas” de cocaína, así como de venderla a los Estados Unidos. Según Petro, esta versión fue alimentada por la oposición de extrema derecha colombiana y el lobby que esta hicieron en Florida.

El presidente colombiano respondió a estas acusaciones. Indicó que, de hecho, su gobierno ha logrado récords en incautaciones (3.5K toneladas para el final de su gestión). Asimismo, explicó que el aumento de cultivos de droga son producto del programa de erradicación forzosa del anterior presidente Iván Duque.
Tras el diálogo, se dieron a conocer las peticiones de la Casa Blanca. Washington exige resultados concretos, así como reclasificar a grupos como el ELN o las FARC como organizaciones puramente narcotraficantes. Como resultado, Petro suspendió los diálogos con el ELN y ordenó la intensificación de las operaciones militares, exhibiendo un cierto grado de concesión.
El debate sobre Venezuela
Tras la reciente operación estadounidense en territorio venezolano, se ha evidenciado un contraste entre el poder duro estadounidense y la diplomacia regional propuesta por Petro. Mientras Trump celebra el éxito del operativo, Petro lo condena calificándolo como “aberrante” y comparable a lo sucedido en Guernica en 1937, proponiendo alternativas regionales.
El presidente colombiano insiste en una salida pacífica para la era post-Maduro en Venezuela. Propone la creación de un gobierno compartido que garantice elecciones libres, respetando la voluntad venezolana en lugar de aceptar la imposición extranjera. Esta visión no se aleja de la que posee el secretario de Estado Rubio, quien también se muestra a favor de una transición.

Aunado a esto, Petro busca mantener un rol de interlocutor regional. El presidente colombiano mantiene contacto con Delcy Rodríguez, quien sustituyó a Maduro en el mando venezolano. La invitó a Colombia en aras de consumar un diálogo tripartito, junto con Trump.
La agenda energética
Luego de que Trump y Petro acordaron reunirse en Washington, Petro subrayó la importancia de tratar la cuestión energética en dicho encuentro. A través de su abordaje, el presidente colombiano intenta replantear (reframing) el discurso bilateral e internacional.
Petro busca proponerle a Trump un “Pacto por la Vida”. Este consiste en una inversión masiva (más de 500k millones de dólares) en el desarrollo de energías limpias en Latinoamérica. A través de esta iniciativa, se persigue el objetivo de descarbonizar la matriz energética de Estados Unidos.
Esta propuesta del presidente colombiano se correlaciona con la búsqueda de la reducción del intervencionismo norteamericano. Según Petro, la dependencia estadounidense del petróleo y el carbón es el motor de las guerras e intervenciones que emprende Washington. En consecuencia, si Estados Unidos cambia la naturaleza de su matriz energética, dejará de realizar acciones militares en aras de conseguir más recursos.
Esta tesis puede llegar a ser problemática, dado que Estados Unidos cuenta con reservas locales de crudo exorbitantes. Con todo, se trata de un intento de expandir la agenda hacia el eje climático, aunque Trump se muestra enfocado principalmente en el narcotráfico. No obstante, el presidente colombiano insiste en colocarlo sobre la mesa porque “tiene que decir lo que piensa”.
El realismo político de Trump y Petro
En suma, el diálogo entre mandatarios que dio como resultado que Trump y Petro acordaron reunirse en Washington expresa un alto grado de realismo político. Pese a pertenecer a tendencias ideológicas contrapuestas, el pragmatismo transaccional dictó la pauta en el diálogo entre ambos.
Donald Trump exhibe una estrategia de acercamiento político con un rival ideológico en aras de obtener resultados verificables en la lucha antidrogas. Sustituye las amenazas veladas o abiertas por un diálogo estratégico en Washington a fin de alinear a Colombia con sus intereses por un menor costo. De esta manera, asegura compromisos concretos que fortalezcan la seguridad regional bajo su mando a través de la coordinación, evitando la coerción como en Venezuela.

Para Gustavo Petro, este acuerdo representa una maniobra de supervivencia política ante la sensación de amenaza externa, inflamada por la demostración de fuerza en Venezuela. En reacción a esta, buscando la supervivencia institucional, accede a entablar canales que congelen cualquier posibilidad de una escalada militar. Asimismo, busca reorientar la narrativa a través de la inclusión de la agenda energética para redefinir la relación con Washington.
Ambos mandatarios reconocen que la estrategia diplomática es fundamental para navegar correctamente la convivencia regional. Washington y Bogotá leen sus posiciones de poder en el sistema interamericano y ejecutan sus acciones a partir de estas. Estados Unidos ejerce presión sin perder el rol de liderazgo regional, mientras que Colombia ofrece su perspectiva dentro de los límites que el poder norteamericano.
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