Taiwán advirtió que no podría trasladar el 40% de su producción de chips a Estados Unidos / Créditos: archivo
Pese a la negativa de China, Estados Unidos y Taiwán sellaron un acuerdo comercial que impulsa inversiones tecnológicas y reducción de aranceles. Se prevé que Taipei realice una inversión de al menos 250.000 millones de dólares en la industria de semiconductores estadounidense a cambio de una reducción de aranceles recíprocos al 15 % para productos taiwaneses.
En este sentido, el acuerdo, anunciado por el Departamento de Comercio de Estados Unidos, recorta los gravámenes aplicados a las exportaciones de Taiwán, incluidos chips avanzados, tecnología y otros bienes clave, desde niveles previos que podían alcanzar hasta el 20 % o más, según el tipo arancelario. En paralelo, productos como medicamentos genéricos y componentes aeroespaciales quedaron exentos de aranceles recíprocos.
Mientras que importantes fabricantes taiwaneses de semiconductores, como Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), se comprometen a invertir en la construcción y expansión de capacidad productiva en Estados Unidos. Estos fondos están destinados a fortalecer la producción nacional de semiconductores, inteligencia artificial y energías avanzadas.
Funcionarios estadounidenses destacaron que el acuerdo busca reducir la dependencia de cadenas de suministro globales, como China, y reforzar la competitividad tecnológica de Estados Unidos. Por su parte, Taipei celebró la medida como uno de los mejores acuerdos arancelarios logrados con Washington, subrayando que la reducción arancelaria coloca a Taiwán en un nivel competitivo comparable con otros socios clave del Indo-Pacífico.
El contexto en que se firmó el acuerdo añade una dimensión geopolítica importante. China reiteró su rechazo a cualquier tratado o acuerdo que fortalezca los lazos bilaterales entre Estados Unidos y Taiwán, argumentando que socava su política de “Una sola China” y abre una brecha en la estabilidad regional. Aunque las autoridades de EE. UU. consideran que el pacto es eminentemente económico, los analistas advierten que también tiene implicancias estratégicas en la competencia tecnológica global.
El acuerdo deberá ser ratificado en los parlamentos pertinentes y su implementación detallada se seguirá de cerca, en particular por su potencial efecto en la relocalización de la producción de chips críticos fuera de Asia y la participación de empresas tecnológicas en proyectos de fabricación avanzados en suelo estadounidense.
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