- EE. UU. aprobó una posible venta para el diseño y construcción de infraestructura naval en Callao.
- El paquete incluye ingeniería, gestión de proyectos, estudios técnicos y supervisión por hasta 10 años.
- El puerto modernizado rivalizará con Chancay, el mega‑puerto construido con inversión china.
- La iniciativa se suma a contratos de submarinos, cazas y blindados en el marco de la renovación militar peruana.

El Departamento de Estado de EE. UU. aprobó una posible Foreign Military Sale (FMS) al Gobierno de Perú por un valor estimado de 1.500 millones de dólares, destinada al diseño y construcción de instalaciones marítimas y terrestres en la Base Naval del Callao. Según la Defense Security Cooperation Agency (DSCA), el paquete contempla servicios de ciclo de vida, construcción, gestión de proyectos, estudios de ingeniería, soporte técnico y logístico, además de la asignación de hasta 20 representantes estadounidenses durante un período de diez años para supervisión y gestión de obras.
Washington subrayó que la operación busca reforzar la seguridad de un socio considerado clave para la estabilidad política y el progreso económico en Sudamérica, y aclaró que no alterará el equilibrio militar regional. La modernización permitirá reducir la interacción civil‑militar en las instalaciones actuales y ofrecer una plataforma más segura y eficiente para operaciones navales y logísticas futuras.
Competencia con China y el puerto de Chancay
El proyecto se inscribe en un contexto de creciente competencia geopolítica. La modernización del Callao se proyecta como competidor directo del puerto de Chancay, construido con inversión china a 80 km de Lima. Analistas interpretan esta iniciativa como parte de la estrategia estadounidense para contrarrestar la expansión de Pekín en infraestructura crítica de Sudamérica, en paralelo con movimientos más asertivos en Venezuela, Colombia, Cuba y México.

Modernización naval e industrial en Perú
Tal como destacó Zona Militar en su cobertura, la posible venta estadounidense se integra en una estrategia más amplia de modernización de las Fuerzas Armadas peruanas. En el ámbito naval, Perú firmó un contrato de co‑desarrollo de submarinos entre Servicios Industriales de la Marina (SIMA Perú) y Hyundai Heavy Industries (HHI) de Corea del Sur, con transferencia de tecnología y participación progresiva de la industria local.
En paralelo, el Congreso peruano aprobó financiamiento para la adquisición de 24 cazas multirol (Rafale F4, F‑16 Block 70 o Gripen E/F), con un presupuesto de 2.350 millones de dólares. Además, el Ejército confirmó la compra de sistemas de artillería PULS de Israel y acuerdos marco con Hyundai Rotem para futuros tanques K2 Black Panther y vehículos blindados K808 White Tiger.

Estas iniciativas reflejan una estrategia integral de modernización militar, en la que la inversión estadounidense en Callao constituye uno de los proyectos de infraestructura más relevantes anunciados hasta la fecha.
Implicancias estratégicas
La cooperación militar entre EE. UU. y Perú en Callao tiene implicancias que trascienden lo técnico. En el plano operativo, refuerza la capacidad logística y naval peruana, dotándola de infraestructura con estándares internacionales y asegurando un soporte sostenido por una década. En el plano tecnológico, impulsa la transferencia de know‑how y la consolidación de un ecosistema industrial local, integrando ingenieros, técnicos y proveedores nacionales en un proceso de modernización que fortalece la soberanía marítima.

Pero las implicancias más profundas son geopolíticas. La modernización del Callao posiciona a Perú como escenario clave de la competencia entre EE. UU. y China en Sudamérica. Mientras Pekín apuesta por el puerto de Chancay como nodo logístico de su expansión comercial, Washington responde con una inversión estratégica en infraestructura militar. Este juego de contrapesos convierte al litoral peruano en un espacio de disputa por el control de las rutas marítimas del Pacífico.
Finalmente, la dimensión diplomática también es relevante. La iniciativa fortalece la relación bilateral entre Lima y Washington, pero puede generar tensiones con Pekín, que observa cómo su influencia en infraestructura crítica enfrenta un contrapeso directo. En este sentido, el Callao no es solo una base naval modernizada: es un símbolo de la nueva competencia global trasladada al corazón de Sudamérica.
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