El interés de Donald Trump por la presencia de Estados Unidos en el Ártico se da en el marco de una reforzada colaboración regional entre China y Rusia, que conducen ejercicios militares y proyectos conjuntos en esta parte del mundo.

Es que, además de ser un territorio privilegiado para el cuidado de la frontera norte de Estados Unidos, incluyendo el estado de Alaska, la región ártica también se convirtió en un tablero geopolítico entre la potencia norteamericana y la asiática, que en este caso cuenta también con el apoyo de Rusia, cuyas fronteras penetran en el Círculo Polar Ártico.
Ya en diciembre 2024 un informe del Departamento de Guerra de Estados Unidos, firmado por Jim Garamone, advirtió que “los líderes chinos ven en la región una nueva encrucijada para el mundo, una fuente de materias primas y nuevos caminos para manifestar su poder creciente”. El reporte citaba a su vez las palabras de Iris A. Ferguson, el subsecretario adjunto de defensa para el Ártico y la Resiliencia Global, quien sostuvo que China “es una de las apariciones recientes en la escena” de esta región.
La colaboración de China y Rusia en el Ártico aumenta la importancia geopolítica de la región y el interés de Trump
Sin embargo, al no tratarse de una nación ártica, el apoyo logístico que China requiere en la zona es brindado por Rusia, que como advirtió Garamone “trabaja de cerca” con Pekín “en su intento de ser vista como una potencia ártica”.

Esta colaboración excede lo científico o económico para pisar fuerte en lo militar, según advirtió un informe de mediados de 2025 del Centro Europeo para el Análisis de Políticas (CEPA por sus siglas en inglés), que aseveró que “Rusia y China han desplegado una cooperación militar y de seguridad creciente en el contorno del Ártico, incluyendo la organización de ejercicios conjuntos y sobrevuelos”.
Garamone y Ferguson advertían ya en 2024 de la actividad conjunta de las dos potencias en el Ártico, expresada en el verano de 2023 con un ejercicio conjunto en el Estrecho de Bering, cercano a la frontera estadounidense con Alaska, y realizado poco después de la publicación de la Estrategia Ártica del Departamento de Guerra estadounidense. También, reportaron, se aumentó la colaboración de guardacostas chinos y rusos en la región. “Este aumento en los niveles de cooperación militar es nuevo”, advirtió Ferguson.
La expansión de la alianza sino-rusa en el Ártico es posibilitada en buena medida por el aumento en las temperaturas globales, que abren vías de navegación en el territorio otrora inhóspito y aumentan la presencia humana. En septiembre del año pasado, China dio una muestra de sus pretensiones al abrir la primera ruta marítima comercial en recorrer el norte ártico, en lugar del Canal de Suez. Esto abre la puerta a nuevos canales comerciales, pero también una amenaza militar.

En este sentido, el CEPA informó que es probable que la colaboración entre los dos países en el Ártico se plasme con un ejercicio militar conjunto “en el Mar de Bering o el Mar de Chukchi en el futuro cercano”. “Este ejercicio podría atraer atención internacional y representar una victoria simbólica para los dos países. No necesariamente significaría una profundización genuina de las relaciones militares bilaterales, pero sí señalaría que Pekín puede desplegar y mantener una fuerza naval en la región”.
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