La crisis venezolana ha entrado en una nueva fase tras la captura del presidente Nicolás Maduro y la incautación de dos petroleros vinculados al transporte de petróleo venezolano sancionado por parte de las Fuerzas Armadas estadounidenses. En un contexto marcado por la presión de Washington sobre el sector energético, la operación fue el resultado de semanas de seguimiento naval y de inteligencia y expuso con claridad el funcionamiento de las redes marítimas utilizadas para evadir controles internacionales mediante la denominada flota en la sombra.

La operación marítima más reciente tuvo lugar en el Atlántico Norte, donde fuerzas estadounidenses interceptaron el petrolero Marinera, registrado bajo bandera rusa. El buque había logrado evadir intentos previos de abordaje en el Caribe. El mes pasado la Guardia Costera estadounidense intentó interceptar el buque, pero este se negó a ser abordado. Desde entonces, está registrado bajo bandera rusa y ha cambiado de nombre de Bella-1 a Marinera.
Por su parte, Rusia denunció que la incautación constituye una violación del derecho marítimo internacional y calificó el hecho como un acto de “piratería descarada”. Moscú aseguró que su marina había sido desplegada para escoltar al navío, mientras que Washington sostiene que el Marinera violaba sanciones impuestas por la administración Trump.
El Comando Sur de EE.UU. confirmó otra captura
En paralelo, el Comando Sur confirmó la captura de un segundo buque, el M Sophia, descrito como “sin estado” y parte de la llamada “flota oscura” vinculada a Venezuela. La doble operación refuerza la estrategia estadounidense de bloquear las exportaciones de crudo venezolano y ejercer presión directa sobre el gobierno interino de Caracas.
El trasfondo político es igualmente explosivo. La redada en Caracas, que culminó con la captura de Maduro y su traslado a Estados Unidos bajo cargos de narcotráfico, ha generado una ola de críticas internacionales. El Consejo de Seguridad de la ONU, incluidos aliados de Washington, condenó la acción militar y cuestionó la legalidad de la operación. China también se sumó a las denuncias, acusando a Estados Unidos de intimidación y de aplicar la consigna de “Estados Unidos primero” sobre recursos soberanos de Venezuela.
En el plano interno, la presidenta interina Delcy Rodríguez declaró que “ningún agente extranjero dirige Venezuela”, en respuesta a las afirmaciones de Trump de que Estados Unidos controla el país. Por su parte, la líder opositora María Corina Machado busca capitalizar el momento, asegurando que la oposición ganaría en elecciones libres, aunque evita confrontar directamente a Trump y respalda la idea de transformar a Venezuela en un centro energético clave de las Américas.
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