Donald Trump volvió a colocar a Groenlandia en el centro de la agenda internacional al declarar que Estados Unidos “necesita la isla por motivos de seguridad nacional”. El presidente vinculó su interés en el territorio ártico con la competencia estratégica frente a Rusia y China y con la reciente operación militar en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro. La insistencia en anexar Groenlandia ha encendido todas las alarmas en Europa, que respondió con una declaración conjunta de sus principales líderes.

Trump subrayó que Groenlandia es vital para la defensa hemisférica y que Washington no puede permitir que la isla quede bajo influencia de potencias rivales. Sus palabras, calificadas por la primera ministra danesa Mette Frederiksen como “serias y consistentes”, han sido interpretadas como un desafío directo a la soberanía de Dinamarca y a la cohesión de la OTAN. Frederiksen advirtió que “si un país de la OTAN ataca a otro, todo se acabará, incluida nuestra OTAN”, elevando la disputa a un nivel existencial para la alianza transatlántica.
El 6 de enero, Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Giorgia Meloni, Donald Tusk, Pedro Sánchez, Keir Starmer y Mette Frederiksen firmaron un comunicado conjunto en el que reafirmaron que “Groenlandia pertenece a su pueblo” y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a Dinamarca y Groenlandia. El texto enfatizó que la seguridad del Ártico es una prioridad para Europa y que debe garantizarse colectivamente, en coordinación con la OTAN y respetando los principios de la Carta de la ONU: soberanía, integridad territorial e inviolabilidad de fronteras.

Pedro Sánchez reforzó el mensaje en X al señalar que “el respeto a la soberanía de los países es esencial para la paz”, recordando que esa fue la mayor lección del siglo XX.
Paralelamente, el ministro de Defensa Troels Lund Poulsen anunció nuevas inversiones en defensa ártica: buques, drones, satélites y la creación de un comando militar en Nuuk. Estas medidas buscan blindar la isla frente a cualquier intento de anexión y demostrar que Dinamarca está dispuesta a sostener su soberanía con medios militares. La Comisión Europea también respaldó explícitamente a Dinamarca y Groenlandia, reafirmando que la Unión Europea defenderá los principios de soberanía e integridad territorial.

La disputa por Groenlandia ha dejado de ser un gesto político para convertirse en un test de resistencia para la OTAN y para Europa. La simultaneidad de crisis en Venezuela y en el Ártico refuerza la percepción de que Washington busca proyectar poder en múltiples frentes, mientras Europa intenta preservar principios universales y evitar que la unilateralidad erosione el orden internacional. Voces militares como la del exgeneral de la OTAN Michel Yakovleff han advertido que, si Trump avanza sobre Groenlandia, Europa debe estar preparada “incluso para luchar contra Estados Unidos”.
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