La partida simultánea de al menos dieciséis barcos cisterna de Venezuela desafía el bloqueo impuesto por Estados Unidos al petróleo de este país, que se mantiene luego de la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Aunque algunas de las embarcaciones pudieron ser rastreadas por satélites, otras permanecen en alta mar con sus señales de transmisión apagadas para evitar la detección norteamericana.

Un análisis llevado adelante por el New York Times con imágenes satelitales realizó un seguimiento por semanas de estas embarcaciones -todas alcanzadas por las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro estadounidense– que mostraba su presencia consistente en distintos puertos venezolanos. Sin embargo, luego de la operación militar ordenada por Donald Trump que terminó en la captura de Maduro y Flores el pasado sábado 3 de enero, los dieciséis navíos zarparon.
Cuatro de ellos pudieron ser localizados a través del uso de satélites, pero los doce restantes permanecían sin ser detectados este lunes 5 de enero. Encontrarlos se hizo más difícil, aseguran desde el medio estadounidense, porque las embarcaciones habrían apagado sus señales de transmisión o modificado sus nombres para evitar su correcta identificación.
Los barcos que partieron sin autorización transportan el petróleo bajo contratos firmados con los empresarios Alex Saab y Ramón Carretero, ambos bajo sanciones estadounidenses. Saab incluso estuvo preso en los Estados Unidos en 2021, pero fue intercambiado en 2023 por la administración Biden a cambio de la retribución de estadounidenses detenidos en Venezuela.

Buques cisterna desafían el bloqueo de Estados Unidos al petróleo de Venezuela
La partida coordinada de los dieciséis buques cisterna plantea un desafío al bloqueo que Estados Unidos mantiene sobre determinadas embarcaciones y compañías a las que acusa de generar ganancias para el régimen de Caracas. En este sentido, la fuerza naval norteamericana en el Caribe ya ha intervenido sobre tres barcos de este tipo: el Skipper, detenido e incautado por la Guardia Costera el pasado 10 de diciembre en su viaje a China, el Centuries, detenido y abordado pero no incautado el 20 de diciembre, y el Bella 1, que cambió su nombre a Marinera y se encuentra actualmente siendo seguido por personal estadounidense.
Estas acciones son consecuencia del “bloqueo completo” que el presidente Trump impuso sobre el petróleo transportado por buques sancionados el pasado 16 de diciembre. Luego de la captura de Nicolás Maduro, los oficiales norteamericanos manifestaron que las sanciones continúan durante el gobierno interino encabezado por quien fuera la vicepresidente -y ministra de Petróleo- de Venezuela, Delcy Rodríguez. El domingo 4, el secretario de Estado Marco Rubio sostuvo que se trataba de una de las “cuarentenas” más amplias de la historia moderna, a la vez que aseguró que estaba siendo exitoso en “paralizar” la capacidad del régimen de generar ganancias por su crudo, aunque el bloqueo haya dejado de lado los embarques de la compañía estadounidense Chevron.

En su conferencia de prensa posterior a la detención de Maduro y su esposa, Trump mencionó 26 veces la palabra “petróleo”, entre las que estuvo la mención explícita de los intereses norteamericanos en la Faja Petrolera del Orinoco, la mayor reserva de crudo conocida en el planeta: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, gasten miles de millones de dólares para arreglar la infraestructura petrolera dañada de Venezuela“.
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